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El Cronicón Cinéfilo

Historias de Cine: El Rey de la Selva

(Esperemos que el bueno de Jackson consiga hacerte justicia)

Suenan tambores de reclamo en un horizonte preñado de teas que arden al abrigo de una empalizada donde creen permanecer a salvo de mi figura. Y frente a sus hogueras de miedo, un puñado de vírgenes tiemblan esperando que un rugido las libere de unas ataduras a las que las condena la comunidad que mañana mismo comenzará a llorarlas, y a la que, sin embargo, salvan manteniendo otro año más una tradición secular de aires supersticiosos. Piensan, dominados por el terror, que pueden permanecer guarecidos de un Dios que ellos creen impiadoso; sin embargo, yo no soy un Dios sino un animal, más que eso: necesito amar. Y ellas no son sino un juguete en las manos de un monstruo incapaz de comprender su naturaleza y condición; un monstruo, digo, ¡un monstruo...!

Pero todo cambia con la presencia de ella: una hembra blanca con el pelo bañado en oro acompañada de otros tipos de andares altivos y pose arrogante. No tarda en convertirse en mi obsesión y los otros lo saben. Por un lado, la deseo. Por otro: los temo. Pero no me importa. Los ojos de la hembra son un regalo del cielo en esta selva necesitada durante tantos años de alguien que alterara sus normas prehistóricas. En mi mano ya no es un juguete sino algo más. Lo sé. Algo más. Y ella muestra en su rostro el gesto de quien creyéndose herida todavía se niega a renunciar a su condición de bella dama, de hembra seductora e irresistible.

***

No sé lo que ha pasado. Me he quedado dormido y hoy mi cuerpo yace postrado en el interior de un receptáculo en el que me cuesta respirar. Me mareo. Tengo que despertar de esta pesadilla que me cubre de pescado y desasosiego, que oprime mis pulmones y ahoga mi anhelo de estar con ella... otra vez.

Ya no son antorchas sino luces de una naturaleza que no percibo las que prenden frente a mi rostro. No sé donde estoy ni qué es lo que vitorean aquellos que esperan tras las cortinas. Cuando se abren, una ingente cantidad de pequeños monos de tez blanca expresan su temor con un repentino silencio. Pero atado en esta plataforma gigantesca, ahora soy yo el que les tiene miedo. Pero el miedo puede vencerse. Siempre ha sido así. De repente, echo de menos la isla que me vio nacer, la libertad, rodeado de estos seres que asisten a un espectáculo que, os aseguro, no olvidarán jamás. Por lo pronto, me deshago del primer cordaje. Y grito porque no tengo otra manera de demostrar mi hostilidad contra aquellos que financiaron mi secuestro.

Huyo sin saber adónde. Destruiría su poblado si consiguiera ver, al menos, su final. Pero su frontera se rebela inalcanzable. Si tuvieran hechiceros podría negociar una rendición, quizás mi exilio. Pero no tiene hechiceros y no dejan de perseguirme. Y mi único propósito sigue siendo regresar a casa.

Exhausto pero todavía íntegro, he conseguido alcanzar un refugio cerca del cielo.

***

Ella. Otra vez.... Otra vez en mis manos. Y no tiene miedo. Si pudiera convertirme en uno de ellos lograría escabullirme entre una multitud que asiste, curiosa, al linchamiento de la bestia que todos ven y que únicamente yo siento, pero solo soy un animal enamorado que teme que puedan hacer daño a aquella a la que una vez deseé. Su hermoso y pequeño semblante corre peligro junto a mí, así que lo pongo a buen recaudo y me entrego a mi destino en esta cima sin salida en este día maldito en el que nunca debí haber despertado. Entonces algunos de ellos comienzan a revolotear a mi alrededor, insensatos. Son abejas gigantes que escupen aguijones contra un pecho derrotado por el desconcierto.

Ahora yazgo inconsciente en el suelo de una jungla de cristales y asfalto. Y mi corazón muere lentamente, lentamente...

1 comentario

Luis -

Muy bueno, ;-) Por cierto, he visto el trailer hoy y el rey me ha parecido un pelín enano.