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El Cronicón Cinéfilo

Asalto al distrito 13: Tras las huellas de Carpenter... y de MacTiernan

Supongo que tendremos que acostumbrarnos los seguidores de Carpenter a continuas revisiones de su nunca suficientemente valorada obra al servicio del cine de género de perfil alto, pero igual que sucede en el caso del film que ahora nos ocupa, lo que no podremos hacer será ofendernos por su mera existencia (sin entrar a valorar la calidad general del film), toda vez que la propia filmografía de Carpenter (La Cosa, El Pueblo de los Malditos y algunas secuencias de Memorias del hombre invisible) y, por supuesto, la película que se homenajea aquí: Asalto en la comisaría del distrito 13, son a su vez remakes (al menos implícitos) de otras películas e historias anteriores (en especial Río Bravo y La Noche de los muertos vivientes). De hecho, en su constante propósito de revisar coherentemente el cine de género, y llegando el turno a su propia obra, Carpenter reactualizaría pasajes de esta película en algunos de los fragmentos más apasionantes de la divertida (pero menor) Fantasmas de Marte, segunda proto-(a)versión de la película que se valora bajo estas líneas (la primera, sería El Príncipe de las tinieblas).

Una cinta, en fin, que comienza con un prólogo efectista que nos anticipa los miedos emocionales a los que el protagonista principal deberá hacer frente durante el desarrollo del entramado (también nos anticipa el buen pulso narrativo del director), al que le sigue una presentación de personajes (a modo de partida de ajedrez: un esquema narrativo propio de este tipo de películas y que un día os explicaré con mayor profundidad) que no tardará en introducirnos en el interior de una comisaría de policía semiabandonada por cuenta de un traslado que ya vive sus últimos días, en un día, digo, de fin de año donde sólo dos oficiales de policía y una secretaria adicta al sexo (es sólo una definición del arquetipo, no esperéis nada más) se ven sorprendidos por la llegada de un autobús de presos, extraviado en medio de un temporal de nieve, que suma entre sus miembros a un conocido gángster recién capturado que deben cobijar (y proteger) hasta que amanezca. Amanecer que, como ya sabréis todos, tardará demasiado tiempo en llegar...

Y aquí estoy recién visionada la película de Richet y con la ineludible tentación de comparar ambos productos (ya lo anticipo: incomparables) y, del mismo modo, consciente que el principal estímulo derivado del film del cineasta francés se encuentra no ya tanto en la utilización opresiva de la fotografía ni en sus lúcidos diálogos ni en la especial relación que une a todos los sitiados entre sí (nada de esto existe en esta nueva versión) sino en la loable factura técnica que define y da substancia a esta película de acción, en la acertada narratividad de las secuencias más vibrantes, en la existencia de un ritmo que sabe evolucionar y regenerarse según pasan los minutos, en la proporcionada (y verosímil) utilización de la geografía del espacio filmado (que es justo lo que haría un David Fincher cualquiera sin pretensiones existencialistas)... De hecho, está tan bien contada (siempre sabemos donde están situados los agresores, cuántos son o qué traman –helicóptero habemus-) que le resta eficacia dramática a la propia historia, liberándola de pretextos claustrofóbicos que, naturalmente, hubieran enriquecido éste, de otro lado, luminoso film (y eso que lo primero que se hace es cortar la luz). Ya no hay, pues, elementos de terror abstracto ni situaciones especialmente filo-trágicas (aunque sí hay atisbos de riesgos carpenterianos en relación al destino final de alguno de los personajes: pronto olvidados, eso sí, por una trama que da demasiado protagonismo al perfil psicológico de su –poco carismático- personaje principal) sino un tour de force megaplanificado donde los disparos y las situaciones extremas se acumulan por doquier, a veces con poca lógica, y otras como un mero subterfugio para llegar con pirotecnia allí donde no llega el material escrito.

La película, ya se ha dicho en la introducción argumental, juega sus bazas en torno a la figura de un joven policía castrado por un pasado cuyas circunstancias debe superar; tanto, que incluso se permite el lujo de introducir en el entramado la presencia de una ingenua y poco convincente psicóloga que trata de revertir, sólo de palabra, la condición apocada de un policía que haciendo honor a su condición de estereotipo de origen carpenteriano, debe asumir el liderazgo del grupo amenazado al mismo tiempo que busca en todos los rincones de esa comisaría decadente los resortes que resuelvan su propia superviviencia. Director y guionista se muestran siempre respetuosos con el film de Carpenter (con continuos homenajes a la misma), variando aquellos extremos argumentales más dudosos (que abundaban, afortunadamente, en el original) con el único propósito de dar consistencia y credibilidad a un producto originalmente, ya de por si, bastante increíble; propósito de verosimilitud profundamente antihitchcockniano (también anticarpenteriano, no creáis) que lastran las posibilidades terroríficas de la historia y que la dotan de un inevitable sentido de la previsibilidad así como de una cierta irrelevancia; al fin y al cabo, no es sino un producto de consumo diseñado para ser digerido, deglutido y olvidado a las pocas horas...

Pese a todo, Asalto al Distrito 13 de Jean François Richet se rebela como una película de acción competente que se disfruta más cuando más alejadas quedan las comparaciones con todas sus precedentes, en especial con el opaco, apocalíptico, claustrofóbico y sedicioso film de Carpenter (ahora lo sabemos, un hito del Cine de género de los años setenta), que trata de buscarse un camino propio entre la trillada y vulgar obra de acción contemporánea (y lo logra parcialmente aunque no puede evitar encasillar a sus arquetipos: tara reprochable también a Gabriel Byrne y a Maria Bello, especialmente, mediocres en este film) y que, con la misma perseverancia, lograr traer a la actualidad cinéfila el esquema clásico de los mejores (y más inolvidables) western de acción.

Lo más destacado: el respeto y admiración que exhuma la adaptación de De Monaco y la políticamente incorrecta subtrama corrupto-policial que anima los mejores pasajes del film.

Lo menos destacado: (John Leguizamo aparte) Que toda su solvencia técnica, contradictoriamente, sirva para disminuir la mayor parte del interés dramático de la película.

Calificación: 6,5

5 comentarios

yo -

censura

Borja -

Muy de acuerdo con tu post, como peli de acción funciona estupendamente, no hay mucho más pero tampoco creo que se pretenda. No es una ofensa a Carpenter, y quiénes son los malos ahora tiene mucha coña (parece que el hombre este dirigió una peli-panfleto comunista!).
Y eso de la partida de ajedrez suena muy bien, desarróllalo un día! :)

(pd: he vuelto :D)

REFO -


A mí me dejó muy frío. Aunque reconozco que hay partes que me gustan, en general es decepcionante.

Cinefília -

A mi no me gustó, demasiado previsible y el origen del conflicto es muy porque sí, creo que habia formas mucho mejores de arrancar la acción.
Los diálogos muy superficiales, sin que lleguen a aportar nada y eso sumado a que las actuaciones no son especialmente brillantes (un Lawrence Fishburne con la misma cara de Morfeo) pues uno no acaba de engancharse a lo que ve.

Nota: 5

Azrael -

Bastante mejor de lo que me esperaba, siempre es un placer ver a Brian Dennehy