Blogia
El Cronicón Cinéfilo

Historias de Cine: El superviviente

"Irlandés, pobre y emigrante. Podía haber dedicado media vida a escribir best-sellers y el resto a vegetar con las rentas pero, ya veis, nunca supe vivir del cuento, como mi amigo Frank, y hoy me conformo con esto.


Hijo de una puta y un borracho. Lo de la puta lo sé seguro: quince hermanos de padres diferentes... Lo del borracho siempre fue una leyenda del barrio: dicen que ningún tipo hubiera querido hacerlo con mi madre sin mediar varios litros de alcohol de por medio. Puta... y fea. La hubiera querido más si no hubiera heredado la mitad de sus virtudes.


Bajito, regordete, pelirrojo y... feo: igualito que mi madre pero sin sus tetas. Pronto comprendí que no tenía futuro y me fui a una iglesia a buscarlo. Mal asunto: aprendí a rezar y a jugar a los trenecitos sin que necesariamente hubiera una máquina de vapor de por medio. Todavía me duele. Ese día prometí que no volvería a coger un tren sin cubrir mis espaldas. Una semana después extendí mi promesa: no volvería a matar a un catequista en Irlanda. Dos semanas después amanecí en el puerto de Southampton, medio hambriento, huyendo. Todos los barcos pequeños estaban ocupados y yo necesitaba cruzar el charco, y como el charco era grande...


No es fácil colarse en un barco grande pero una vez dentro tienes un montón de recovecos donde poder ocultarte. El principal problema es comer. Sobretodo cuando te das cuenta que compartes refugio con decenas de polizones y que los que no lo son pasan más hambre que tú. Había ladrones, pintores bohemios, músicos adictos al violín, niños y madres acurrucados en las bodegas de un barco que albergaba en su seno toda una ciudad, miseria y ratas incluidas.


Aleccionado por el hambre me convidé a sobornar a uno de tipos que custodiaban las puertas con la única arma que había cultivado en mi infancia: dando pena. El segundo día aquel tipo compartió la mitad de su almuerzo. Al tercer día ya disfrutaba de las sobras de uno de los restaurantes de primera. Estaba en el paraíso pero no tardé en descubrir que no lo merecía: una pala de críquet lanzada desde la parte de arriba por un millonario furioso incapaz de aceptar la derrota, alcanzó a mi benefactor en el centro mismo de su despoblada cabeza, matándole en el acto segundos después de haberme dado mi última ración de comida... Aproveché el oprobio para atracarme sabiendo que iba a ser la última vez que me alimentaba y quedé dormido en el acto deseando despertar junto a la estatua de la libertad, más que nada, para dejar de vomitar todo aquello que comía diez minutos después de haberlo ingerido.


En fin, que dormía a pierna suelta (esto es un decir, dado lo angosto del refugio) cuando el gran estruendo me despertó. Cuando lo hice estaba atrapado en el muslamen de una señora gorda que no paraba de ladrar. Nadie sabía lo que pasaba pero todos buscaban una salida aplastándose los unos contra los otros. Incluso el agua buscaba la salida. Descubrí sus intenciones y la seguí dejando que me llevara hacia el abismo.


14 de abril de 1911, noche: seguía respirando. Flotaba en el agua divisando a todos los supervivientes cuyo destino había tenido por bien subirlos a una de aquellas barcazas antes que a mí y me invité a mirarlos con semblante de gato apaleado buscando una respuesta noble que sacara mis helados huesos de aquel maldito infierno. Cuando la niebla hizo su aparición yo dormitaba sobre el agua, seco y desabrido, pensando en comer como siempre: luego vivo.


Un chico rubio, aterido por el frío y con ganas de hacerse el héroe pacía en el agua junto a una barca. Sobre ella, una joven de aspecto aristócrata sollozaba a duras penas viendo como aquel tipo de cabello blondo y modales de herrero se congelaba en el agua por salvarla. Creían que era amor pero lo cierto es que una vivió y el otro no. Y el tercero, osea yo, contaba las estrellas entre la neblina aun a sabiendas de que aquel imbécil hubiera encontrado un hueco en mi barca si a mi se me hubiera ocurrido encoger las piernas. Y es que, amigos, estaba escrito que en esta historia debía ganar... el feo.

Aunque ningún productor de Hollywood quiera gastar sus cuartos para contarlo".

2 comentarios

Beat Henrique -

¡Chupate esa, James Cameron!

Dr. Strangelove -

Bonita historia. ¡Queremos saber más!