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El Cronicón Cinéfilo

Nunca es tarde...

Iba a escribir la contracrónica habitual de la última ceremonia goyesca y me he encontrado con una pantalla inmensamente blanca y muy pocas cosas que añadir a lo ya dicho, visto, sabido.


Y es que ante la ausencia de una película indiscutible, se ha optado por premiar aspectos significativos de cada obra, otorgando un rancio protagonismo a la única triunfadora de la noche: La vida Secreta de las Palabras que, según me cuentan, poco tiene que ver con Rompiendo las olas de Von Trier y sí, mucho, con el resto de la filmografía de Isabel Coixet, lo cual ya es algo. Veremos.


Lo cierto es que este año el cine español no ha levantado grandes expectativas artísticas, presentándose como un año de transición en espera de que los grandes reclamos nominales del séptimo arte ibérico, a saber, Almodovar, Amenábar y Medem, unidos a las dos superproducciones (Alatriste y Tirante El Blanco) del año, logren compensar el traspies y polémica surgidos a partir del estreno y éxito de la anacrónica (y ciertamente reprochable) Torrente 3.


Con todo, y tras cuatro horas de absurdo y reiterado ceremonial, la gala transcurrió por el más categórico de los aburrimientos, basando todo su interés en la (poco atinada) comicidad de unos actores-presentadores embebidos de lisonjas impostadas y chistes con poca gracia, algún vestido atrevido diseñado para llamar la atención de los espectadores ajenos al mundillo cinéfilo, y la sensación ineludible de que lo mejor seguían siendo las imágenes de archivo y, sin lugar a dudas, aquellas secuencias de películas que una vez formaron parte de este circo audiovisual... y lo dignificaron.


En fin, más de lo mismo y con menos apostura de la habitual, la confirmación de que, efectivamente, el cine español debe someterse a los designios imparables de la autocrítica, cuestión, digo, que debe resolver también en cuanto a la concepción y forma última que deben tomar sus festejos y conmemoraciones. Y nunca es tarde...

4 comentarios

Manuel Márquez -

Yo tampoco tuve ocasión de ver la ceremonia -cuando no se ha visto la práctica totalidad de películas nominadas, es difícil tener un interés que vaya más allá de ciertos detalles formales-, pero sí que he leído bastantes comentarios que vienen a coincidir en una serie de rasgos (tedio, previsibilidad, ombliguismo, insustancialidad...) que parecen hacerse de aplicación sistemática, año tras año. Salvo, cómo no, el vestido de la ministra. Pero de eso ya me he comprometido a no hablar, así que...

Un cordial saludo.

Alvy Singer -

Si el cine español fuera un ejemplo de talento y renovacion, si tuviera siquiera atomos de renovacion de la nouvelle vague, el free cinema....

Pero no hay nada de nuevo en sus propuestas, y todo son 4 directores, y encima queremos infravalorar el cine comercial.

Cuando cine comercial, y excelente, se puede hacer, y asi salvaguardar un poco el papelon.

Pero la industria sigue tirando a base de "enchufes", ombliguismo y muy poco talento (en comparacion con). Lo suyo hubiesen sido las pancartas ANTICINE ASIATICO. Es por añadir el clasico pancartero que rodea a los goyas.

¡Un saludo!

katakrek -

Para mí todo es muy friki. Tratar de imitar a algo tan superficial como los Oscars, alfombra roja, vestidos de los mejores diseñadores,... es lamentable. La diferencia es que por nuestra alfombra desfilan personajes como Bigote Arrocet y que los vestidos que llevan se los han tenido que costear ellos, y no se los regalan los diseñadores. Esto es porque queremos ser y no podemos.
Deberían enfocar los premios desde una perspectiva más modesta, cambiando el continente, primando la calidad. ¡Por Diós! ¿Pero es que alguien se tragó, de verdad, las cuatro horas de la Velasco con sus graznidos?

luis -

Yo no vi la ceremonia (más que los inevitables resúmenes de vestidos y ¿anécdotas?), tampoco he visto ninguna de las películas "gordas" del año, pero me da que algo falla aquí y todos miran para otro lado.