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El Cronicón Cinéfilo

La insobornable amistad

Se ha hablado siempre de Río Bravo como un paradigma del cumplimiento del deber, con ese John Wayne (John T. Chance: uno de los pseudónimos favoritos de John Carpenter) entregado a una causa suicida: mantener preso al hermano del cacique de turno en espera de que llegue el juez, mientras la comisaría y sus aledaños son atacados y asaltados por una hornada de asesinos a sueldo dispuestos a liberar al susodicho a cambio de una o dos monedas de oro.

Wayne se entrega a su deber haciendo honor de su carácter idealista donde a buen seguro ocupa un lugar predominante un inexcusable sentimiento de justicia. Pero cuando secuestran a Dean (Dude) Martin las prioridades mutan: ya no le importa poner el riesgo su deber sino salvar a su amigo. No es la primera vez que lo hace. Lo salva también cuando derriba la escupidera, objeto metafórico de sumisión y decadencia a la que el bueno de Dean Martin se ve condenado por cuenta del alcoholismo y el desamor; y también lo hace cuando a pesar de todo y todos lo convierte en alguacil a sabiendas que no podrá permanecer sobrio por mucho tiempo ni mucho menos oponer gran resistencia en la sanguinaria batalla que se avecina.

Martin, contra pronóstico, encuentra en esa amistad el estímulo que necesita para mantenerse sobrio cuando más le hace falta, claro está, a su amigo, a pesar de que el síndrome de abstinencia le hace cuestionarse, continuamente, su integridad y valía...

La película se enriquece notablemente alimentada por esa constante necesidad que tienen todos los protagonistas de poner a prueba y defender sus respectivas amistades. Exigencia que, en último término, le costará la vida al encargado de la diligencia, minutos después de haber ofrecido su ayuda a Wayne, "un viejo amigo". Pero no acaba ahí: el joven pistolero, Colorado Ryan (Ricky Nelson y su guitarra) al servicio del encargado de la diligencia ofrecerá también su ayuda al Sheriff con un argumento más que convincente: defender lo que hubiera defendido... el encargado, de otro lado, un gran amigo de su padre.

Es curioso que este género, el western, tantas veces alimentado por la rivalidad y el duelo, encuentre en este vínculo fraternal una excusa complaciente para regenerar continuamente un argumento, de otro lado, cimentado sobre las constantes del cine de acción y de asedios. Pero eso es lo que define al western: su continua reinvención dentro de los límites y entornos geográficos que lo (con)forman.

Por eso es un género tan apasionante, claro.

2 comentarios

Dr. Strangelove -

Me alegra volver a leer sobre este clásico.
Por cierto, tiene usted trabajo.
En mi gabibete tiene el encargo.
Un saludo

N.A.D.A -

Mas allà del caracter de "pedazo de clasico" de este film, me remito a la reflexion de este western idealista, fatalista pero con protagonistas entregados a la lucha por su comunidad y sus fraternos. Sin duda al igual que otros muchos titulos como "High Noon", por mencionar uno, el arquetipo paternalista de sus estrellas es imperante y su honor inquebrantable a pruebas de traiciones y cobardias es muchas veces hermosamente mesianico. Son los valores estadounidenses recordemos en base protestante (trágica rigida).

Buen blog, comenta mas clasicos, saludos.