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El Cronicón Cinéfilo

El camino de las baldosas amarillas

“Al final del camino de ladrillos amarillos, había una enorme puerta tachonada de esmeraldas que centelleaban de tal forma a la luz del sol, que hasta los pintados ojos del Espantapájaros quedaron deslumbrados de tanto fulgor”

A veces sucede que la escritura se transmuta en el vehículo que utilizamos algunos de nosotros, individuos adictos al desconsuelo, para compensar la mayor parte de nuestras frustraciones, todas ellas relacionadas con aquello que creemos merecer y que, por el contrario, rara vez conseguimos... Así las cosas, las letras se constituyen en un bálsamo reparador, en una purga (no sabría decir si metafórica) encaminada a expiar buena parte de nuestros naufragios existenciales, tantas veces dinamitados por el desengaño, cuando no por la inconstancia y el desencanto.

Pero, aun sumergidos en la vorágine imparable del tempus fugit, todavía encontramos remiendos que hacen avanzar nuestro bagaje como autores, siendo –como somos- entidades partidarias de los juegos verbales, personas que transfieren buena parte de lo que son (de lo que queremos ser) al irresistible poder de una palabra... posada sobre celulosa real o digital.

Cada nueva empresa se convierte así en una aventura. Cada nuevo paso, una esperanza para revertir un proyecto de vida decadente y disfuncional. Cada nuevo reto... un sueño condenado a dejar de serlo, un deseo en vías de extinción...

Nada ha cambiado en estos días, como siempre inciertos, como los últimos años: de recuerdo y nostalgia; pero se abre una puerta hacia la ilusión entre tanta bruma; la posibilidad, otrora quimérica, de remontar el vuelo, de volver a encontrar el camino de las baldosas amarillas tras haber dejado en la cuneta más de un millar de noches en vela: imaginando utopías, trazando mapas...

Son palabras vanas, claro, si no se acompañan de hechos, de hechos que estén a la altura de las expectativas creadas, de textos que den sentido a estas expectativas, de objetivos alcanzables capaz de dotarlas de contenido; de buscar y encontrar un resultado, una recompensa edificante que regalarme y de la que poder sentirme orgulloso, una recompensa que, hoy lo expreso, tengo dentro y merezco.

Veremos hasta qué punto.

4 comentarios

Lizzy Bèquet -

No hay nada más estimulante ni que te devuelva más a la vida que haber estado arrinconado en una parada y volver al camino, a saborear los pasos, el paisaje, los encuentros, los nuevos parajes.
Yo, que he tenido que hacerlo te aseguro que no es una condena que exige un esfuerzo sobre humano sino una bendición que te devuelve lo mejor del mundo.
Pero la recompensa no está al final del viaje (recuerda a Kavafis) sino en el propio camino.
Mucho ánimo y disfruta las encrucijadas.

Raúl Cerezo -

Bango, quite el pie izquierdo...levántelo...

Sí, no se equivoca...son amarillas...

Novedades del Cine -

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Javi -

Dijo el poeta aquello de que \"caminante no hay camino, se hace camino al andar\", y no se equivocaba. ¿qué nos impide ver lo amarillo de nuestras baldosas? ¿La imperiosa necesidad de \"ser\" algo? ¿El sentimniento permanante de debernos no sabemos qué? Y entra tanta pregunta y tanta disquisición y tanta angustia, olvidamos, tal vez, lo más importante: simplemente vivir...

Un saludo.