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El Cronicón Cinéfilo

Las flechas marcan el camino a seguir: crónica de un domingo

Justo hace una semana:

No hay más que salir de esta inconsumible cotidianidad que tantas veces nos aborrega, para descubrir un territorio extraño poblado de carreteras provisionales, trenes que no circulan, calles en perpetuo estado de reconstrucción, socavones impertinentes, accesos cerrados, dilaciones diseñadas por arquitectos urbanos en prácticas; imponderables imprevistos que no sólo ponen en riesgo un encuentro días antes pactado, sino que te convierten en una especie de autómata perdido en la inmensidad de una ciudad bastarda, al abrigo de un buen puñado de flechas, de diferentes colores, formas y tejidos, que marcan el camino a seguir, saboteando esa apariencia de libertad arrebatada -con esfuerzo, sudores y sumisión- al trabajo; alimentando, de paso, una contradicción de indudable raíz kafkiana en la que tu único día libre en varios meses lo deciden... un millar de flechas efímeras.

Fin de semana de flechas y referencias, en definitiva, el pasado, coronado el domingo por un madrugón incontestable compensado por la grata compañía de ese gran cineasta en ciernes que es Raúl Cerezo , con quien compartí día, comida y una más que interesante conversación, mientras iban tomando forma y cuerpo una serie de proyectos, todos ellos ilusionantes, que algún día (más pronto que tarde) ocuparán la portada en este, vuestro, Cronicón...

Dejando de lado las quimeras por una estricta cuestión de tiempo, el prometedor director madrileño aprovechó la ocasión para presentarme, lo dije antes, alguno de los mejores trabajos del ínclito Jim-Box , (sirviéndome de humilde anfitrión, ya veis, a una filmografía cuyas gozosas particularidades había subestimado más que precipitadamente), presentándome algunos cortos a modo de degustación, para rehuir del hartazgo, demostrándome con hechos lo que yo ni siquiera sospechaba, que por debajo de alguno de esos argumentos de corte estrafalario, de la apostura guerrillera y desprejuiciada de la que hace gala, se encuentran los cimientos de una filmografía inteligente y medida, una personalidad manifiesta en la que el mismo director cree ciegamente: claro signo de distinción de un Autor con mayúsculas cuyo horizonte creativo se atisba exitoso y altamente recompensado.

En estas, en fin, aparecimos frente a un bocata inabarcable, gozoso e ineludible contexto para una comida entre amigos, compartiendo mesa (sin mantel pero con un plato de patatas bravas de por medio) con un tipo entrañable y carismático, Miguel Á. Refoyo, REFO (y también con Myrian, no lo olvido;), quien cervezas en ristre, me desveló algo que ya sospechaba: que es mucho mejor conversador que yo. Y un gran cinéfilo.

De su mano, recibí una prebenda cuya naturaleza valoraré aún más con el paso del tiempo, cuando su todavía incipiente (pero prometedora) carrera se haya convertido en triunfante, cuando haya conseguido transformar ese verbo distendido y ameno, en material cinéfilo de primera consideración, en tejido celuloso de corte imprescindible...

Una tarde apacible, ya veis, que me puso frente al mito bloguero por excelencia, sembrando los mimbres para una nueva amistad que, quien sabe, podrá cristalizarse un día en algún proyecto en común de indudables aires apasionantes.

Y así entre comidillas cinéfilas de corte evocador-pasional (cuatro cinéfagos en acción reinventando el mundo, podéis imaginaros), no tardé en volver a la gris rutina que tan bien me identifica, en ese día extraño pero solaz, dominado también en su ocaso por la presencia impertinente de un sinfín de flechas: las primeras, provenientes de un gps desactualizado que nos puso en medio de uno de esos interminables atascos provocados por la insufrible política constructora de “aquel que no debe ser nombrado”, poniendo, de paso, en el compromiso a mi anfitrión de ser impuntual en una cita (espero que llegaras, camarada). Las segundas flechas, este símil se lo debo también a Cerezo, provenían de la presencia, latente, de una pérfida e insidiosa tormenta, que comenzaba a dibujar en el cielo amenazadores halos y destellos de luz, relámpagos y rayos indeseables para un temeroso de las tormentas, este que escribe, perdido en una ciudad que, definitivamente, ya no le quiere; lacónica metáfora que pone colofón a esta crónica de domingo... pero no de un domingo cualquiera.

5 comentarios

J. P. Bango -

La mítica no: la mística, jajaj.

REFO: hablaremos sobre el libro, naturalmente, este verano. El resultado puede ser más que apasionante.

Raúl, je, es que era oro!

Un saludo, camaradas.

Raúl Cerezo -

Bango saca oro líquido de la horchata...

He dicho...

Raúl Cerezo -

Bango hace oro de la horchata, una vez más...
...GRANDE.

REFO -

Qué maneras de escribir. Ha llegado a emocionarme incluso. Fue un placer, querido J.P. una experiencia necesariamente repetible.

Lo de \"mito bloguero\" se me antoja excesivo, pero esos mimbres de una amistad cristalizada son un hecho. hay que seguir hablando de ese proyecto comentado en forma de libro. Este verano tenemos que hablar detalladamente porque promete ser un boom.

Un fuerte abrazo y que este post se repita muchas veces y por muchos años.

Raúl Cerezo -

La mítica hecha verbo...
...me alegro de aparecer en la dicha...