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El Cronicón Cinéfilo

Clásicos polanskianos

Semana de clásicos ésta que culmina, y mi regazo cinéfilo se revela satisfecho por lo recién visto: el día de ayer, dos películas de Polanski (Rosemary’s Baby y El Baile de los vampiros), a cuya degustación debió sumarse una tercera, también del susodicho, Macbeth, si a mi “vhs” no se le hubiera ocurrido... devorarla.

Entre medias una certeza incorrompible: siguen siendo las películas que eran, es decir, tal y como la recordaba un cerebelo, el mío, tantas veces infectado de idealismo maniqueo y, por ello, acostumbrado a alabar generosamente aquello que recuerdo sobresaliente y, por el contrario, habituado a despreciar (si no públicamente –por pereza-, sí personalmente –por principios-) aquello que considero y juzgo lamentable, es decir, mejorable.

 


 

a) “El baile de los vampiros” es un film definitivamente hilarante, sustentado sobre el trabajo cómplice de Jack MacGowran; una comedia sedimentada sobre la eficacia y plasticidad del gag físico (tan propio del cine mudo como inexistente en la actualidad) por encima del verbal, y por su condición de obra gótica concebida al albor del éxito de los filmes de la Hammer, pero subvirtiendo y transgrediendo todas sus constantes, en la misma época en que todas esas constantes (y arquetipos) seguían vigentes (y seguían siendo exitosas). Irregular dentro de su abrumadora brillantez, conserva momentos impregnados de sana y grata genialidad: un desternillante modelo cómico, ejemplo y modelo de lo puede y debe ser una obra que, por encima de todo, respeta y venera aquello que parodia.

 


 

b) Rosemary’s baby es una película claustrofóbica que entronca con buena parte de la cinematografía anterior del cineasta y que funciona a varios niveles, siendo la visión paranoica la más representativa -a pesar de su espantoso título castellano-, y recordada (a pesar de que algunos poster se empeñaban en sugerirnos lo contrario ). Sus virtudes, naturalmente, incontables: paradigma de dosificación de la información presentada al espectador, importancia del punto de vista en la narración como eje determinante de la misma, utilización de un limitado entorno geográfico como un elemento más del guión...

Ambas contaron con la música de Krzysztof Komeda, un prometedor músico también cercenado por la tragedia al igual que otros de los integrantes del “Miscellaneous crew” de ambas obras. El Cine crea los mitos pero también las películas. Y algunas son inolvidables...

Como éstas.

1 comentario

John Trent -

Buena pelicula La semilla del diablo, aunque tengo que volver a verla puesto que la vi hace ya unos cuantos años y supongo que ahora incluso me gustaria mas.