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El Cronicón Cinéfilo

Love never dies

Mientras continúo con mi reciclaje particular, recupero de las entrañas mismas de este cronicón, una divagación poética en forma de monólogo sobre los últimos momentos de uno de los personajes más fascinantes de cuantos ha dado la mitología de ficción, en este caso, personalizada en el recuerdo de una de las películas favoritas de quien esto firma: el Drácula de Coppola.

 

 El castillo en la montaña:

D

espués de tantos siglos condenado a vagar sin rumbo por las servidumbres de la inmortalidad, me encuentro de bruces con mi futuro enmarcado en una foto rebozada en bronce y plata: la imagen de una ninfa atrapada en el tiempo cuyos designios -me dice, incauto- le pertenecen en exclusiva... Le costará salir de los míos, eso puedo jurarlo.

Guerra mística:

Acopio enseres: ropajes, sombreros, tierra de mi tierra, un baúl plagado de recuerdos..., y me embarco rumbo a lo desconocido esperando recuperar en mi destino el vestigio de un amor proscrito; un recuerdo hermoso arrebatado por una guerra proterva, financiada por mercenarios al servicio del Dios que hoy me repudia.

La Tempestad:

Llueve. No puedo eludir la zozobra que me provoca la necesidad de alimento y tengo que salir fuera para satisfacer el instinto que define mi condición animal. Vomito sangre entre la tormenta, embriagado por las almas que he de someter para seguir manteniendo a buen recaudo la mía. Pero cada vez estoy más cerca de ella... Podría detener la tempestad si quisiera.

La linterna mágica:

Rejuvenecido, paseo por las calles de una ciudad mestiza donde los viandantes se confunden con bellas damas y los lobos blancos campan a sus anchas en salones de té tumultuosos junto a una linterna mágica que estrella contra una pared... fragmentos de las vidas de otros. Ahora sé que todo es posible estando ella tan cerca de mí.

La Princesa:

No sabe que ya es mía. Disimula su condición de hembra enamorada hablándome de los suyos, de dudas y recelos que dice tener, de esperanzas forjadas sobre el trabajo de un gris empleado de inmobiliaria. Me considera un desliz furtivo, un hombre exótico, un aventurero, un príncipe de cuento enajenado, mientras bebe otro trago de absentha al compás de la música prohibida. Sus ojos... reflejan los restos de la hermosa princesa que un día fue.

La niebla:

Convertido en niebla, atravieso la puerta esperando encontrarme con su presencia, compartir mi carne y mi sangre con ella, hacerla partícipe de un juego donde siempre pierde el inmortal. Ellos no lo comprenden e interrumpen el momento de éxtasis en pleno lecho nupcial. Atraviesan la puerta con brusquedad: tratan de salvarla... ¡arrebatándomela! Pero en la noche yo soy más que una bestia. Su cruz, ungida en llamas, un vestigio pretérito en vías de extinción.

Recuerdo:

Arrinconan mi presencia en la ciudad mestiza, roban mi tierra, matan a los míos... No quiero venganza pero sí mantener intacto su recuerdo. Vuelvo al hogar herido en una batalla en la que hace tiempo debí haber participado y sé, a fe ciega, que ella vendrá tras de mí. La noto. La reclamo. No moriré sin verla otra vez.

El Sol:

El último estertor de un día maldito se asoma sobre mi cabeza segundos antes del anochecer. Me defiendo como puedo rodeado de unos tipos que no saben por lo que luchan, lo que tratan de evitar. La última punzada sobre mi corazón me arroja contra sus pies en una capilla feérica que rebela mi verdadera condición: la bestia mancillada que siempre fui.

Redención:

Derrotados por el abatimiento contemplamos el techo que una vez sirviera para proteger nuestra lealtad. Mi cabeza yace postrada sobre sus muslos, aterida por el frío y la desolación, mientras sus manos palpan mi sufrimiento y penar, mi agonía: ¡pero me niego a morir mientras queden lágrimas en los ojos... de Elizabetta!

Pero no muero, porque el amor... nunca muere.

 

3 comentarios

Max Renn -

Pues para mí el mejor Drácula es el de Terence Fisher.

J. P. Bango -

Lo haré, no cabe duda. Pero, para matar el gusanillo, le recomiendo fervientemente el artículo de Rafa Marín:

http://crisei.blogalia.com/historias/12564

Que por cierto, es mucho mejor de lo que yo podría escribir...

Hombre Lobo -

Sin duda alguna la mejor versión de Drácula de todos los tiempos. Gloriosa e impecable.

Es preciso que hable de ella cuanto antes, señor J, o que por lo menos le dedique un Writer's Cut...