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El Cronicón Cinéfilo

Un Wilder menor sigue siendo un Wilder con mayúsculas

Estaba escribiendo la crítica de una película, finalmente, prescindible (a pesar de sus ejemplares tres cuartos de hora iniciales –ya os contaré algo sobre ella-) Plan de Vuelo: Desaparecida, cuando se cruzó frente a mis ojos el comienzo de los títulos de una película cuyo fin terminó por desviar mi atención: “Directed by: Billy Wilder”.

 

La película parecía aviejada y respondía a una temática que, de ningún modo, asociaba a la cinematografía del director. Enseguida indagué sobre el título (Five Graves at Cairo) y me dispuse a visionarla, con la esperanza de degustar de una pieza, sino perdida, sí del todo punto ninguneada por un cinéfilo, éste que escribe, al que definitivamente aún le queda mucho Cine que ver; más aún: que descubrir. 

 

En mitad del desierto avistamos un tanque aliado arrastrándose por las dunas, con apariencia descontrolada. Una rápida visita al interior nos desvela el por qué: sus ocupantes yacen muertos, quizá acribillados por las armas del Mariscal Rommell cuyo avance se antoja imparable por esas tierras norteafricanas. No tardamos en advertir, sin embargo, que uno de los ocupantes acaba de despertar y confuso, se apresta a salir del tanque, quedando al cuidado de un sol abrasador, en mitad de un desierto que amenaza con devorarlo. Con las escasas fuerzas que lograr reunir, comienza a arrastrarse en dirección a la nada, esperando encontrar en el horizonte, las huellas de la civilización que le salve.

 

Y las encuentra, aunque no del modo deseado, en un antiguo hotel que antes había servido de cuartel a los británicos, y que ahora ondea banderas nazis...

 

Wilder apoya la causa propagandística con una película sobre el heroísmo: es una película menor dentro de su filmografía pero, sin embargo y quizá por ser obra suya, conserva momentos extraordinarios (muchos de ellos relacionados con el trabajo de Erich Von Stroheim), otros hilarantes (todos ellos relacionados con el dueño del Hotel) que hacen recomendar el visionado de una película que al igual que el Ser o no ser de Lubitsch, saca un gran partido a la confusión de identidades (el protagonista se hace pasar por un camarero cojo –fallecido en el bombardeo del día anterior- que trabajaba para los alemanes para descubrir los planes de Rommell en su mismísima habitación) y al carácter cómplice de una relación amorosa cuyas peculiaridades se supeditan, y de qué manera,  a las servidumbres imparables de la Guerra.

 

El epílogo, prescindible pero tolerable dado el carácter adoctrinador que dimana toda la película, tampoco logra sabotear el recuerdo de una película que desconocía y que, por el contrario, me deja con el mejor de los sabores posible: el sabor de un Cine de carácter inmortal.

 

Aunque menor.

1 comentario

Andrés Mego -

Interesante hallazgo. Justo por estos días estoy reuniendo peliculas de Billy Wilder para escribir una nota. Hasta ahora las que he visto no me han decepcionado, pero son de las consagradas. Veremos que tan "menores" son sus peliculas menos conocidas.. Saludos