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El Cronicón Cinéfilo

La secuencia: Primera Plana

Hay en Primera Plana/The Front page, Billy Wilder (1974) una secuencia que me gusta especialmente.

 


 

Un hombre condenado a muerte se escapa de sus captores el día antes de su ajusticiamiento. Mientras toda la ciudad lo esta buscando, la policía aprovecha para limpiar sus trapos sucios, por ejemplo, ajusticiando a un grupo de anarquistas en mitad de la noche. Entretanto, a nuestro amigo, herido por una bala perdida, le ha dado tiempo a esconderse solo a unos metros de donde le tenían preso, en concreto, en la sala de prensa que ocupan aquellos que van a radiar/retransmitir la ejecución.

El protagonista, un periodista a punto de retirarse interpretado con pulcritud por Jack Lemmon, le ayuda a ocultarse en el buró-escritorio de uno de sus colegas de profesión, en ese momento y como los demás, pendiente de las palabras del alcalde en el vestíbulo de la prisión. El periodista promete seguir ayudándole con la esperanza de poder contar en exclusiva la historia de su huida, en realidad, pretende ir publicando noticias y entrevistas de su persona que, en último caso, pongan en evidencia la incompetencia (de otro lado manifiesta) del Marshall y del Alcalde.

El reo mancha el escritorio con su sangre que el periodista se apresta a limpiar de inmediato para que nadie se de cuenta. Para ello utiliza uno de sus pañuelos que, cuidadosamente, dobla y vuelve a introducir en su chaqueta.

Cuando el periodista dueño del escritorio llega a la sala de prensa se empeña en abrirlo para escribir su crónica. Lemmon reacciona con varias excusas dilatorias que impiden, en primer término, al otro periodista escribir su información. En ese momento, Lemmon parece controlar la situación pero una última exigencia obliga al escritor a abrir definitivamente su buró. Cuando el reo está a punto de ser descubierto por el grupo, el personaje interpretado por Lemmon, reacciona súbitamente poniendo el pañuelo sobre el rostro del escritor y haciéndole ver que sufre de una hemorragia nasal que hay que cerrar rápidamente, enviándole al baño para que se cure y, tras él, envía a su imberbe ayudante al que secuencias antes Lemmon había advertido que aquel periodista al que acompaña debía ser la última persona con la que debiera coincidir en un cuarto de baño (insinuando, irónicamente, su supuesta condición homosexual).

Todavía sigue siendo una de las soluciones argumentales más divertidas que recuerdo.

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