Blogia
El Cronicón Cinéfilo

La (contra)crónica oficial de Escorto'07 (primera parte)

Comienza la contracrónica, de nuevo, con la complicidad de una libreta roja que se las ve y se las desea para robarme algo de tiempo de una agenda tan apretada como ésta de Escorto’07. Quitándole, pues, horas al sueño (si es que es de algún modo posible en jornadas de veinte horas) y al descanso, apoyado en las embestidas creativas de las primeras horas del día, dibujo los esbozos de más de cincuenta ítems que tendrán que servir de apoyo de esta crónica alternativa en primera persona que debiera dar por concluido mi análisis de este (siempre vuestro) Festival. Ahora sé que cincuenta capítulos se siguen quedando cortos. Y que esto, naturalmente, no ha hecho nada más que empezar.

I

Llego, pero esta vez no lo hago solo. Me encuentro con Roberto y con su entusiasmo: juntos construimos un par de tipos impacientes a los que no tardan en dar la bienvenida, no puede ser de otra forma en estas tierras escorialenses, abriéndonos las puertas de par en par. En el interior se cuecen nervios y expectativas: el trabajo de un año se juzga en cinco días que están a punto de pasar; en el primero podemos palpar el ímpetu, oler el contexto, sentirse parte de la expectación. En los pasillos se suceden los reencuentros y los saludos; y el Cine como eje central de cada conversación comienza a adueñarse de un ambiente preñado de efusividad y amiguismo... Señores: esto ya empieza a ilusionar.

II

Sobrio y contenido: el primer aplauso es insincero y se lo lleva Avant Petalos Grillados de Velasco Broca. Pocos, entre el público, se han interesado por este trabajo salvo éste que escribe y aplaude: las nominaciones, me dicen, son exageradas; el argumento, inexistente; el tono, petulante... Tú y yo sabemos, sin embargo, que ellos se lo pierden… ¡Viva el bondage surrealista!

III

Alvaro Manso comienza con timidez pero le dura poco. El aplauso de los pocos que somos le hace seguir adelante y superarse: no es un comunicador pero terminará la jornada siéndolo. Eso habla también de su oficio como actor y de cómo un actor puede convertirse en oficiador de espectáculos. Echamos en falta al pianista pero, sobretodo, algo más de talento al otro lado de la pantalla. El porqué lo explicamos con un silogismo en el descanso: el mercado del corto es endogámico y autofinanciable: solo puedo seguir haciendo cortos si triunfo y solo triunfa la convención. Así que con convenciones llegamos al siguiente y merecido estadio. Unos piden dinero para la hucha y otros se acuerdan de fumar: el resto nos frotamos las manos por todo lo que nos queda por delante.

IV

El tercer aplauso se desborda y emociona: todos disfrutan, acaloradamente, de ese brillantísimo cortometraje que ha resultado ser “Garabatos” de Angelino Fons. Su presencia sobre el escenario justifica la naturaleza de este homenaje. No será el último a su costa pero él aún no lo sabe. Ni tampoco nosotros, epatados con el osado contenido que entre los márgenes rezuma este singular y desconocido trabajo que, de todos, exige una más que publicitada revisión. La noche habla de surrealismo y de vanguardia, y el silencio se conforma de miradas suspendidas en el aire que no pueden ocultar lo que sienten. Definitivamente, Angelino Fons también es uno de los nuestros.

V

Buñuel se negaba, categóricamente, a explicar el sentido de las imágenes que filmaba: de esa mano preñada de hormigas y vello de axilas; de esa mujer deseante que nos invita a arrastrar mulas, pianos y maristas; de esa luna feérica seccionada por una navaja de afeitar… Así que los contertulios lo tienen fácil: pueden hablar de cualquier cosa y no desentonan. Se olvidan comentar, y a mi apuntar en la tertulia posterior a la proyección, que también El Perro Andaluz contiene indicios de ¡slapstick!, más allá de esa banda sonora descuidada y provocadora; de su apariencia desordenada y espíritu dadaísta. Claro que nada de esto importa: estoy seguro que Buñuel se estaría partiendo el culo si supiera de todas las elucubraciones y fantasías expositivas en las que termina por convertirse cualquier análisis de su obra. Y es que si el Cine fabrica a sus dioses; los cronistas los hacemos inmortales.

VI

Se reparten boletines a las nueve en punto. Hay trabajo detrás aunque no se note. De hecho, lo único que se nota es su apariencia gráfica y su diseño colorista, a juego con los tonos anaranjados del Festival, por supuesto, también obra y gracia de los creadores de la imagen del mismo: Alex Alonso y Cristóbal Garrido. El feto kubrickiano y nuestras obleas de talento no tardan en pasar volando, literalmente, sobre nuestra cabeza y neuronas con la forma, siempre caprichosa, de un avioncillo de papel. Pienso, así son las metáforas, que todavía pudieron haber tenido un peor fin aquellos textos cuando lo comparo con otro pensamiento que me había asolado esta misma mañana, al descubrir en el retrete de cierto restaurante escorialense, la hoja de un periódico que contenía el último artículo de Francisco Umbral. Perdonadme la maldad: pero pronto se iba a acabar el papel higiénico…

VII

Lo he comprobado una vez más esta misma noche. Es el hombre más feliz del mundo. Cada quince minutos lanza una sonora risotada; entremedias cuenta un chiste de ancianas con cataratas, se derrite evocando una película anacrónica, demuestra su carácter enciclopédico sin necesidad que le pregunten, exhibe su condición irrebatible de arquéologo del cine fantástico. Irradia felicidad por los cuatro costados, que ya es decir de un tipo al que cuesta rodear. Es junto a Luis, su amable y solícito compañero de fatigas, el auténtico animador de los entretiempos. Carlos es más que un miembro del jurado.

VIII

Algo enrarece el ambiente y no es la gente que falta y por la que se lleva trabajando tanto tiempo, ni el cansancio que ya se acumula sobre las baldosas, ni el desprecio hacia ese boletín que sigue por los suelos. Mi sospecha se confirma con la respuesta a una de mis preguntas: “no se sirve alcohol en la Casa de Cultura”. "¡Demonios!", pienso, y después exclamo: "¡Y qué haremos cuando llegue REFO?". "Ya ves", me contestan. Y reímos. ¿Qué remedio?

IX

La cena se retrasa y nos desgasta: Manso cuenta batallas y yo repudio de las patatas: ingrediente de todos y cada uno de los platos que nos presentan. Eva nos cuenta el origen de una encerrona de la que ella misma es y será protagonista. Pero no tarda en empaparse de esa esencia cinéfila que a grandes dosis se percibe en el ambiente. La noche se ameniza con las charlas y el bueno rollo: todos viven en el mismo mundo aun perteneciendo a planetas diferentes. Eva no tarda en comprobar que no hay encerrona. Y que todo esto no es sino el germen de un fin de semana inolvidable.

X

Si la vida es sueño yo estoy “viviendo” generosamente. Se lo digo a Roberto y se descojona. Me prometo acabar con el día antes que el día acabe conmigo, pero no puedo. Quiero contar ovejitas pero en mi mente solo aparecen lobos. ¡Lobos con forma de contable! Cuando despierto, el sueño vuelve a comenzar: el sol deja de serlo entre las sábanas; las ardillas persiguen la ropa interior (¿será un homenaje a alguien en particular?); la niebla se dispersa por el horizonte al igual que los lobos y los contables. Hoy ponen Cine para desayunar… Sigo aquí, claro. Y esto es solo el principio.

5 comentarios

Álvaro Manso Asensio -

Bueno...¡tengo todo servido y no acabo sino de empezar con los aperitivos!Me encanta tu forma de hacerme ver lo q no viví y de recordarme lo q sí...y ,como no, muchísimas gracias por la parte q me toca, que me juzgues, así, me llena de orgullo.

Roberto García-Ochoa -

¡Grande Bango! Como no podía ser de otra manera...

Leerte y rememorar vivencias y gratificantes experiencias vividas hace una semana es muy satisfactorio y, ciertamente, se echa de menos.

Pronto tendréis mi ración...

¡Un abrazo!

jdomingo -

Muy bueno Bango... impaciente espero el resto, mientras hago avioncitos de papel con las carátulas de mis DVD´s.

un abrazo

J.P. Bango -

Estoy en ello, puedes creerme. La libreta roja me da la idea pero no el texto...

Eso sí: hay para todos y para todos los días. Permaneced en sintonía...

Tonio L. Alarcón -

Está requetebien. ¿Para cuándo más? Estoy deseando leer los siguientes capítulos.