Blogia
El Cronicón Cinéfilo

El Top del 2007: a.k.a. “EL MAMOTRETO”

1 Promesas del Este: De villanos y de héroes, y de héroes villanos.

 

 

Promesas del Este nos devuelve a un Cronenberg virulento pero maduro, que renuncia en su nuevo Cine a las imbricaciones abstractas que otrora definieron la Nueva Carne, perfecto narrador de una historia cuyos epítomes y arquetipos se nutren de los del cine negro, actualizados aquí con las formas de la mafia rusa londinense y con los modos, también reconocibles, de los Corleone de las películas de Coppola. Pero al contrario de lo que ocurre en El Padrino, Cronenberg no pretende diseccionar la naturaleza del poder y la familia, sino contarnos la intrahistoria y motivaciones de una serie de personajes que se ven inmersos en la convulsión que provoca la existencia de un diario delator en el bolso de una madre adolescente recién muerta.

 

El McGuffin, de la misma naturaleza física que el de El Libro Negro de Verhoeven, no solo provocará el cisma anunciado sino que servirá de objeto de denuncia implícita de una realidad tantas veces alejada de los noticiarios. Si bien la denuncia de la actuación de estas mafias solo sirve de contexto, más y cuando de su relato no tarda en adueñarse la imponente presencia de un gran Viggo Mortensen, colmado de matices y registros, dando vida a un pérfido asesino, de vez en cuando chofer, un ángel guardián, en realidad, de oscuro pasado y noble pose, que ejerce de conciencia reparadora no porque los acontecimientos aquí narrados le hayan producido una transformación en su conciencia, sino porque esos son sus modos, incluso cuando se saben corrompidos por el tipo de vida que ella.

Sorprende, de esta nueva etapa del cine de Cronenberg, su capacidad para construir ecosistemas cerrados, de apariencia estanca y aires claustrofóbicos, no ya porque la mente del protagonista sea un obstáculo para liberarse (como ocurría en Spider) sino por que su presente, tanto o más como su pasado, ejerce de atenazador yugo; un yugo esencialmente espiritual del que resulta casi imposible escapar, al menos sin enfrentarse con uno mismo, Promesas del Este es, pues, al igual que Una Historia de Violencia, una fábula sórdida y metafórica, un cuento contemporáneo repleto de personajes convertidos en sombras y de otros situados en el borde mismo de un precipicio donde ya no queda lugar para la vuelta atrás. Y donde la violencia ejerce de resorte inquietante que activa las conciencias de los personajes o los mantiene en alerta, siempre en guardia, aumentando la sensación de desasosiego que desprende cada secuencia.

La violencia expuesta, explícita y de vez en cuando insoportable, apenas representa, sin embargo, una mínima porción de su argumento. La contundencia con la que se define y la fisicidad con la que se resuelve evoca alguno de los pasajes míticos del séptimo arte, especialmente, el asesinato de la cocina de Cortina Rasgada. Sobre este recuerdo, Cronenberg construye una de las mejores secuencias de su Cine en un salón termal trufado de azulejos y toallas húmedas y de un trío de asesinos voraces que luchan, cuán depredadores en celo, de liberarse de aquello que los ha convertido en bestias.

Poco queda ya del Cronenberg entregado a la reformulación de los apotegmas metafísicos que definían sus primeras películas, pero mucho de un cineasta cuya labor narrativa ha ido evolucionando hasta convertir su nombre en un reclamo, y su trabajo en una las propuestas más atractivas y estimulantes del año.

Es lo que tienen las grandes historias. Y ésta que protagoniza Naomi Watts y Viggo Mortensen lo es, sin lugar a dudas.

Lo más destacado: que la tercera vía creativa iniciada por Cronenberg en la irregular Una Historia de Violencia, haya encontrado una continuación cuyo éxito artístico nos haga esperar con expectación su siguiente obra.

Lo menos destacado: el (chirriante) discurso final en el embarcadero.

Calificación: 9

 

2 La Vida de los Otros: hombres buenos y esos que no lo son tanto

Y por encima de nosotros en el hermoso cielo estival

había una nube, que contemplé mucho tiempo;

era muy blanca y tremendamente alta

y cuando volví a mirar hacia arriba, ya no estaba

Berthold Brecht


La vida de los otros... es la que él no tiene. ¿Quién? Hauptmann Gerd Wiesler (en adelante y no por casualidad: HGW) un espía de la Stasi, la policía gubernamental de la RDA, en el cercano (y orweliano) año de 1984: el año del boicot a los juegos de Los Ángeles. Su función: la vigilancia del poeta Georg Dreyman, un elemento subversivo, o eso dicen al menos los altos funcionarios del Partido, uno de los cuales desea mantener un romance con la novia de aquel al que acechan: la bella actriz teatral, Christa María Sieland.

Dreyman no sólo es el poeta del pueblo, también lee a Brecht y el Der Spiegel, y defiende a sus camaradas delante del Ministro Bruno Hempf. Lo que no sabe es que lo vigilan. Aquel que lo hace, lo hace con todas las de la ley justo encima de su propio hogar. Escucha lo que dice, las sintonías que toca en el piano, cuando folla con su mujer. Vive su vida a través de la vida de aquél que espían: eso le aleja de la objetividad. E interfiere. Primero porque pretende dar satisfacción a su inmediato superior. Después, porque comienza a ser partícipe de aquello que defienden y promueven los espiados: por ejemplo, su reivindicación absoluta de la expresión libre, su derecho manifiesto a poder vivir como son.

No todo el mundo soporta el acecho del Gobierno. El mejor amigo de Georg terminar por ahorcarse. La moraleja es insensible: la opresión intelectual conlleva el suicidio. El artista lo sabe y lo investiga: reacciona escribiendo un artículo vindicativo que terminará por publicarse en Occidente. El descubrimiento de su autoría lo llevaría a la cárcel… o a su exterminio. Todos lo saben. “Todos” también incluye a su novia.

Christa María mantiene una relación con el Ministro de cultura creyéndose su protegida. Pero el amor que siente por el poeta la hace desatender al político. El desprecio hacia el poderoso es el primer síntoma de la muerte. Entonces, HGW vuelve a tomar cartas en el asunto y mueve sus piezas para evitarla: pero el Sistema posee largos tentáculos; de repente, duda de que incluso él mismo pueda salvarse.

Florian Henckel von Donnersmarck es el director. Gana el Oscar a la mejor película extranjera por delante de El Laberinto del Fauno y no se inmuta. Ambas comparten un desprecio explícito por la arbitrariedad. La cinta alemana además se nutre de enunciados tremendistas, vagamente cercanos: habla del horror y de la falta de la libertad como conceptos ligados entre sí; de la represión ejercida por el poder coercitivo como medio para perpetuar su dominio; de los ideales perdidos y/o subvertidos; de la opresión psicológica como elemento desencadenante del suicidio; del contestatarismo implícito al sentimiento artístico; de la obligada implicación de todos los estamentos sociales para conseguir el cambio. Y lo hace con texturas y paisajes monocromáticos, tiñendo de gris y desesperanza una realidad desencantada, la mayoría de las veces saboteada por un aparato policial siniestro que no solo coarta la libertad del individuo sino que la arrincona.

El cineasta novel invierte en contención y en contemplación: y a cambio nos ofrece pasajes cinematográficos magníficos. El cenit: la Sintonía para un Hombre Bueno interpretada al piano por el escritor para apaciguar la rabia de un duelo maldito.

Pero lo que más nos interesa es su reflexión sobre el propio medio cinematográfico. En especial, sobre su carácter voyeaur. Y es que Wiesler no es más que otro de los espectadores de la historia y por tanto, propenso a emocionarse, incluso a cambiar sus hábitos y conductas o allanar su ideología... Pero al contrario que el espectador convencional, HGW conserva el privilegio de la alteración de la vida de aquellos a los que observa, hasta convertirse en una especie de ángel custodio, de guardián. Este policía atormentando se siente identificado por aquel que espía cuando descubre que su principal temor no es sino la misma soledad que él sufre.

Porque de soledad versa esta película. De ahí su magnífico título y conclusión.

Lo más destacado: Su contención y ausencia de efectismos.

Lo menos destacado: lo que le cuesta al director encontrar (aunque finalmente lo hace) un digno colofón a su historia.

 

 

3 Zwarboek: El libro Negro de Verhoven

Desmitificación de raigambre individualista del mundo de los héroes y los postulados cínicos que los encumbran, Zwarboek, El Libro Negro, redunda en el ideal cinematográfico del cineasta holandés, en especial, su desprecio explícito contra aquellos que deciden los destinos personales, ofreciendo un retrato de la humanidad inclemente que define al hombre como una suerte de animal superviviente, de vez en cuando depredador, de vez en cuando carroñero, que pesca en río revuelto esperando extraer de él una ventaja que además le confiera poder sobre aquellos que lo perdieron. El hombre, también en esta película, se convierte en aquello contra lo que combate, no porque quiera sacar partido de la desigualdad sino porque se sabe, temporalmente, bien posicionado en la pirámide alimenticia.

Film situado en las antípodas de Lista de Schindler (otra lista de judíos con objetivos diametralmente opuestos) Zwarboek, nos ofrece una nada complaciente versión de la Historia y los axiomas exagerados que la definen, para narrar las desdichas de una joven judía alemana, oculta, como el resto de su familia aunque en diferentes estancias, en el seno de una comunidad católica holandesa, en mitad de la Segunda Guerra Mundial. Una serie de azarosas desgracias la convertirán en la única superviviente de una matanza maldita que la acabará convirtiendo en miembro de la resistencia activa contra la ocupación alemana, primero, y después en una agente infiltrada en un cuartel de la GESTAPO, donde tratará de llevar a cabo una misión financiada a partes iguales por el deseo de venganza y el instinto de conservación.

Traiciones, sexo, violencia, humillación, degradación y ventajismo se juntan, como en las mejores cintas de Verhoeven, para forjar una obra contundente y dramática, inconformista e insaciable, que transforma el recuerdo romántico de la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial hasta definirse, y ya era hora, como la película definitiva sobre un tema tantas veces idealizado; en realidad, el cineasta europeo hace lo mismo que hizo con la Edad Media en Los Señores del Acero: no conformarse jamás.

Una gran película.

Lo más destacado: su inconformismo y voracidad y una magnífica conclusión (alargada, afortunadamente, para no dejar cabos sueltos) que subraya su discurso moral (el lobo es un lobo para el hombre) y calado categórico.

Lo menos destacado: que haya pasado desapercibida para casi todos.

 

 


 

4 Death Proof: El suicidio de Tarantino

Tarantino se divierte y nos divierte con esta propuesta meta-cinéfila que evoca algunos pasajes de la road movie-explotation de los años setenta. Su gran labor narrativa y su pasión iconoclasta, contrasta con el demérito artístico de las películas que homenajea (nada nuevo pues, a aquel lado del atlántico). Death Proof se convierte por cuenta de la pasión del cineasta, en una cinta excesiva, onanista y autocomplaciente: la última palabra del director antes de encaminar sus pasos hacia la horca. Si sobrevive a esto, tenemos cineasta de autor para rato.

 

5 Ratatuouille: la gran esperanza norteamericana en el campo de la animación.

Brad Bird regresa por sus fueros de la mano de la productora Pixar, quien pone toda su técnica y buen hacer en el campo tridimensional, al servicio de un guión adulto y repleto de aristas subcontextuales, que se disfruta por todos los miembros de la familia y también por los críticos de cine, que no la tienen, a pesar de que algunas de las proclamas de la cinta aboguen por su exterminación. Brillante en todas sus secuencias, exuda un aire de superioridad incontestable respecto a casi todas sus competidoras en el ámbito de la animación digital. Es, de largo, la cinta de animación del año.

 

6 Planet Terror: hedor de grindhouse.

 


 

Desparrame descontrolado de hemoglobina, sexo y cachondeo, Planet Terror es un escupitajo cinéfilo que oculta en el paroxismo que definen sus imágenes un homenaje travieso a uno de los subgéneros más reconocibles del cine de terror: el cine de zombis. En la retina quedan muchas de sus secuencias, pero nos quedamos con su parodia de Viscosidad de William Sachs, con la polla derretida de Tarantino como insólito leitmotiv. No se hará nunca una película igual.

 

 

7 Beowulf: preciosista actualización de una leyenda.

Talentoso poema épico de ascendencia digital y amenos resultados que le sirve al bueno de Zemeckis para demostrar su decidida voluntad por cambiar los modos narrativos del mainstream. Beowulf es una película irregular y anticlimática, que utiliza la infografía para seducirnos con paisajes excelsos y campos nevados, y también con el rostro cambiante de aquellos personajes corrompidos por el paso de la edad. Sus magníficas secuencias de acción, y la belleza de alguno de sus pasajes, especialmente los protagonizados por las formas y labios renderizados de Angelina Jolie, hacen de esta apócrifa actualización de la leyenda de Beowulf, la película homérica de la temporada.

 

 

8 Cartas de Iwo Jima: el retorno del cine clásico.

De nuevo Eastwood y de nuevo el buen cine: contenido, contundente, reparador. Una vuelta de tuerca a las batallas existenciales provocadas por la Segunda Guerra Mundial, cuya demonización nunca consiente Eastwood, gracias sobretodo, a la voluntad de los actores japoneses. El cine clásico, en manos de Eastwood, demuestra estar más vivo que nunca, en este apéndice perspicaz de la no menos notable Banderas de Nuestros Padres.

 

 

9 [REC]: el gimnick es el concepto

Una película con hechuras y empaque de un reportaje televisivo, convertido gracias a su paso por Sitges en el auténtico sleeper de la temporada. Ni la propuesta ni los temas de los que se nutre esta película presentan novedad alguna en el género de terror pero su modesto punto de partida y desarrollo, y su apuesta para someter a un calvario al espectador perturbando todos sus sentidos, hacen de esta película de Paco Plaza y Jaume Balagueró, la mejor cinta de horror del año, un auténtico tour por el pasaje del terror de un parque de atracciones cualquiera, con el añadido de unas butacas y casi setenta minutos de duración. Lógica derivación de las dos obras previas de sus autores, Para entrar a vivir y Cuento de Navidad, fragmentos catódicos de índole suculento de esa serie nonata, también de culto, llamada Historias para no dormir, únicamente se resiente por la impostura de alguna de sus interpretaciones y por la consecuente repetición de situaciones.

 

 

10 Persepolis: animación de perfil alto.

Corrección y esteticismo al servicio de una historia docudramática de aires historicistas y resultado aleccionador, que no necesita de la animación para buscarse un lugar en el corazón del espectador medio. La trascendencia formal de Persepolis contrasta con la sobriedad de sus elecciones dramáticas en una historia esencialmente empática y controvertible únicamente para el espectador menos cosmopolita.

 

 

11 Los Simpsons: el triunfo de la familia catódica.

Tan irreverente como siempre, Los Simpsons (La Película) funciona como una suerte de capítulo alargado del serial televisivo creado, al igual que ésta, por el inimitable Matt Groening; sin embargo, su mordacidad y lucidez siguen vigentes así como la actualización de alguno de sus más reconocibles gags (especialmente los acaecidos en la parroquia). Todo junto, bien montado y agitado, y acelerado a un ritmo de locos, nos sirve para definir esta historia sin historia, moderna y animosa versión del slapstick caústico. Y es que Los Simpsons, señores, también son historia… del Cine.

 

 

12 Apocalypto: ampuloso delirio sobre la naturaleza humana y los miedos que la desvirtúan.

A Gibson le pone la provocación (y yo no iba a ser menos con el subtítulo que acompaña a este análisis): por eso se muestra rotundo en las propuestas y ensoñaciones que, de vez en cuando, financia para propugnar no ya los valores que lo definen como persona (más o menos resumidos en la defensa ultraortodoxa de los valores familiares de ascendencia cristiana) sino para construir (autoconstruirse más bien) una cinematografía hiperbólica y expuesta que, en ningún caso, deja al espectador indiferente, le guste o no lo que visiona.

Con esta premisa, poco hay en la película que nos recuerde su hipótesis de partida, una recreación de los últimos días de la cultura y civilización maya, y sí, mucho, de un cine absolutamente emocional pero adrenalínico, provocador pero desperfecto, que se define a través de la mezcla de géneros y artificios, de convenciones y arquetipos, en aras a conseguir un resultado con pretensiones autorales, sí, pero terriblemente desequilibrado y partidista; un resultado, decía, capaz de movilizar una opinión pública de índole dicotómica en la que tanto aduladores como detractores contribuyan (queriéndolo o no) a engrandecer el ego y, por extensión, la cuenta corriente de un director al que no le hace falta, ni mucho menos, instalarse en los impostados designios de la sobrevaloración (como ya le ocurrió con Braveheart).

Como aquélla, Apocalypto es una película de aventuras esencialmente climática que no tarda en olvidarse de sus fuentes históricas para recrearse en la eterna lucha entre el perseguido y el perseguidor, entre los valores tradicionalistas y aquellos que lo ponen en riesgo para saciar la necesidad alimenticia (o no) del colectivo. Funciona a duras penas como film metafórico, con ese imperio decadente víctima de su propia voracidad, pero sí lo hace como viaje iniciático al interior de una civilización milenaria asfixiada por las intemperancias y la voracidad, protagonizado por un joven perteneciente al más idealizado de cuantos poblados mayas se atrevieron a describir los antropólogos/historiadores. Asistimos, en este contexto, a la cotidianidad de un grupo de cazadores (y sus familias) subsumidos en un bosque hostil pero generoso con aquellos que mantienen intacto su status quo. La irrupción violenta de un grupo de guerreros en el poblado, y el secuestro de todos los adultos con fines, digamos, litúrgicos, sirve como elemento desencadenante de todo lo que vendrá después: la peregrinación forzada al epicentro (urbano) de la civilización maya, y la persecución de índole vengativa que provoca la huida de uno de los capturados que a) por un lado, se niega a aceptar su condición de víctima expiatoria y b) trata de rescatar a su familia del pozo inmundo en el que se escondieron durante el asalto.

El argumento es tan simple como abrupto/apabullante su resultado en un film con pretensiones ejemplificantes que obtiene su mayor virtud de un clímax de más de una hora de duración sustentado en la eficacia de una persecución tal y como hicieran en su momento películas tan estimables como El Malvado Zaroff, La Presa o Depredador. Sin embargo, lo mejor de Apocalypto se oculta en los márgenes de la propia película, en algunos segmentos, directamente, extrapolados del cine fantástico (tal y como sucediera en La Pasión de Cristo), una especie de subtrama alternativa que comienza con un eclipse endemoniadamente rápido (y cuya exégesis fundamenta buena parte de los postulados hiperbólicos que definen a toda la cinematografía de Gibson), y que continúa con los vaticinios de una niña-oráculo que los guerreros encuentran en el bosque, a los pies del cadáver de su madre y como ella, víctima de una enfermedad seguramente contagiosa que, de repente, la hace presagiar todo y cuanto va a ocurrir en lo que queda de metraje, por ejemplo, el último elemento de género fantástico que define al film: la transfiguración del protagonista en un auténtico jaguar en la mejor tradición del cine de transfiguraciones animales y, en especial, al remake El Beso de la Pantera, una película que comparte con este Apocalypto su genuina condición de tripi cinematográfico.

Es decir: que pudo ser peor de lo que es.

Lo más destacado: su carácter absolutamente contracorriente, la utilización emocional de los escenarios y la coherencia con la que despacha sus últimas secuencias.

Lo menos destacado: su discurso maniqueo, el carácter estereotipado/idealizado de los personajes, su falta de equilibrio y de contención.

 

 

 

13 El orfanato: el sabor del miedo.

El éxito de su acertada campaña promocional no debería subestimar la valoración de una cinta repleta, sí, de lugares comunes y reconocibles, de previsible resolución y ritmo cadencioso, una opera prima que se destaca, sin embargo, por camuflar como obra comercial una historia esencialmente triste y desesperanzada, que se regocija de la pérdida y de las infructuosas búsquedas que la financian, y que retoma algunos de los temas ya presentes en algunas de las obras de M. Night Shyalaman, en especial la naturaleza protagonista de los objetos y los entornos.

 

 

14 Stardust: una bonita historia.

 


 

Brillante (diréis: “nunca mejor dicho”) y bienintencionada andanada de talento puesto al servicio de una historia cuya estructura e intenciones evoca el recuerdo de La Princesa Prometida y de aquellas cintas e historias añejas que a ésta inspiraron. Recordada, sobretodo, por los excesos excéntricos de dos actores venidos a menos (Robert de Niro y Michelle Pfeiffer), Stardust ganará con los años y con los visionados, por querer pertenecer a otro tiempo, y demostrarlo.

 

 

15 Arma fatal: hilaridad y redundancia.

Especie de remake de Shaun of the Dead que otorga grandes dosis de sofisticación y planificación narrativa allí donde aquélla ofrecía originalidad y talento. La diferencia se compensa, sin embargo, por la gran cantidad de cuitas meta-cinéfilas que el espectador ochentero es capaz de reconocer en todas y cada una de las secuencias, y por algunos momentos ciertamente jocosos subsumidos en un argumento más que delirante que mezcla, con cierta inventiva, el espíritu de dos obras de culto: Point Break y The Wicker Man.

9 comentarios

Faraway -

Me queda alguna de tu top por ver, pero coincido en la mayoría.
Yo Apocalypto la puse número dos de las estrenadas en mi país, seguida de la rumana La muerte del Sr. Lazarescu.

Pero aunque no la vi, creo que la más polémica de las presentes en tu lista es Boewulf, de la que he oído todo tipo de cosas, la mayoría negativas.
Un abrazo.

Sesión discontinua -

Hola, he descubierto tu blog y me he recreado un poco en tu balance del 2007, con el que coincido bastante, especialmente con "La vida de los otros".

Te dejo la dirección de mi blog cinéfilo, y de paso si te parece intercambiamos enlaces, que eso es bueno para el "pagerank"....

http://sesiondiscontinua.blogspot.com

Nos leemos!!!

J.P. Bango -

Pues sí, tienes razón (en tu segunda pregunta). El hecho de que una película sea maniquea o le falte contención, no son elementos negativos suficientes para valorar de forma despreciativa a una cinta cualquiera. Pero ambos sabemos que Apocalypto no es una cinta cualquiera y que su falta de contención (y carácter visceral) tiene que ver más con el carácter provocador de su director que con la exigencia de la propia historia contada.

No obstante, hay que añadir que es una película cuya valoración mejora en cada visionado y que demuestra, especialmente a los escépticos (es decir, yo mismo) que estamos en presencia de un cineasta con personalidad suficiente y probada, a estudiar y vindicar con el tiempo, incluso en películas tan discutibles como Braveheart.

Saludos cinéfilos, camarada. Se te echa de menos a este lado de la blogosfera


Roberto -

¿Por qué eres tan jodidamente bueno?

....Y lo que no me ha gustado: ¿por qué criticar a una película que pretende ser maniquea, y que no quiere ser contenida?

Saludos

J.P. Bango -

El comienzo de este año se antoja apasionante, no cabe duda, pero no tanto por la película de Ridley Scott sino por lo que promete la de Paul Thomas Anderson.

Y sí: le daré otra oportunidad a Zodiac.

Y sí: te gustará Promesas del Este, ya lo creo.

Un saludo, camarada.

Jordi -

Por cierto, soy rendido seguidor de Cronenberg, pero aún no he podido ver Promesas del Este, algo imperdonable para mí, más al verla en lo más alto de esta lista. Intentaré remediarlo pronto.

Jordi -

Mis cuatro mejores del año serían Castas desde Iwo Jima, La vida de los otros, Memorias de Queens y Volver.

Luego también incluiría en la lista la coreana The Host, de Bong Joo-Ho, posiblemente la mejor película con monstruo de los últimos años y El ultimátum de Bourne, para mí cinta de acción del año.

Muy de acuerdo en lo dicho respecto a Death Proof, Planet Terror, Los Simpsons, El libro negro y REC. En desacuerdo con la ausencia de Zodiac en la lista.

Por último, si entrara entre las estrenadas en 2007, también incluiría American Gangster en la lista, al igual que Babel, de Iñarritu.

Seguro que me dejo alguna... atención al comienzo de 2008, que viene lo nuevo de los Coen, Burton y sobre todo, lo nuevo de Paul Thomas Anderson.

J.P. Bango -

La única discordancia es, casi como el resto de las listas internáuticas es Zodiac. Aunque en su momento prometí darla otra oportunidad.

Feliz año, camarada.

REFO -

Coincidimos en varias de ellas. Muchas. Seguimos afines a gustos comunes.

Un fuerte abrazo y FELIZ AÑO 2008, que nos lo merecemos. A ver si este año también podemos coincidir.