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El Cronicón Cinéfilo

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. El mito se brinda un homenaje

Indy envejece, como nosotros. También lo hace Harrison Ford a pesar de los esfuerzos del Bótox, o Karen Allen, tan vivaz y divertida como en En busca del Arca Perdida pero con la mirada puesta en el crepúsculo en los planos desenfocados, quizá rememorando tiempos mejores, por ejemplo su magnífica composición en Starman, la cinta más incomprendida de John Carpenter y que acabó por condenarla al olvido. El que no envejece nunca es Spielberg para júbilo de todos nosotros, y para júbilo de la cuenta corriente de sus productores, cómplices subsidiarios de un modo de entender el espectáculo cinematográfico que aún no tiene seguidores, aunque sí imitadores incapaces de comprender la esencia misma de una historia como ésta. Que es la misma que define nuestros recuerdos, por cierto. Es como si nosotros, espectadores adictos a la melancolía, volviéramos a ser lo que éramos gracias al Cine. En particular, a esta película cuyos primeros compases (melódicos y modélicos) nos introducen, a golpe de látigo e impostura, en nuestros años de preescolar, y un poco más allá, en aquella edad maldita en que solamente los héroes de las películas conseguían salir airosos de los reveses existenciales que brindaba la vida.

En fin, no debemos considerar esta cuarta parte como bastarda por estar pasada de años o de efectos especiales, o por haber despedido al bueno de Frank Darabont que, a buen seguro, habría concebido una historia mucho más lustrosa que esta colección de clichés y arquetipos, de lugares comunes de un género que la trilogía antigua había glorificado ya, y para siempre. Debemos considerarla, eso sí, un acto de nostalgia, presto y dispuesto para una comunidad de seguidores entusiastas que, por un día, necesitan volver a sentir lo que una vez sintieron, por melancólico que sea su designio, y de otros, que ya habrán adivinado que sucedáneos insustanciales como La Momia o La Búsqueda, le deben todo al personaje creado por George Lucas, del mismo modo que éste le debía lo mismo a Flash Gordon o a James Bond, o a los seriales que animaron su infancia.

En este marco, ya lo digo: más jamesbondiano que nunca, son los soviéticos y no los nazis (a pesar de los esfuerzos de Darabont en este sentido) quienes asumen el papel de malo. De hecho, los mejores momentos de la película los protagoniza el propio contexto en el que se ubica, llegando al paroxismo en esa huida (a lo Harold Lloyd) donde los agentes de la KGB se topan con una manifestación anticomunista. Y por supuesto, no debemos olvidar a Cate Blanchett, que se adueña de la función en su papel no de villana sino de antagonista, una parapsicóloga stalinista al mando de una investigación cuya naturaleza haría estremecer de placer al mismísimo Hellboy. No es la única referencia actual que encontramos en esta película (Stargate, La momia 2, Expediente X: la película), pero sí la que más nos sorprende, más y cuando el propio Spielberg ya se había acercado al tema, con brillantez, en Taken (Abducidos).

Y es que lo que menos importa aquí es la historia (divertida, cimbreante, excesiva) sino la vuelta de un icono, con heridas pero íntegro, más acompañado que nunca a pesar de que sus mejores momentos (como la fabulosa huida del principio) los siga viviendo en solitario, embriagado por las canas y por las cicatrices, acaparando para sí los chistes sobre la edad que antes habían sido exclusivos de Sean Connery, con su sombra proyectándose sobre la pared, igual que antaño, si bien esta vez tras los focos no se oculta Douglas Slocombe sino Janusz Zaminski, que es igual de brillante pero más artificioso. Quizá sea éste el más estimulante de sus ganchos, pero no el único. Lo mejor es comprobar que lo de siempre (su ritmo, su comicidad, sus guiños cinéfilos) siguen funcionando con Ford y no lo harían con ningún otro, como bien demuestra su gag final.

Porque, en realidad, El reino de la Calavera de Cristal no es sino otra montaña rusa, repleta de chispa y aventura, que nos devuelve lo mejor del Cine de Spielberg, desposeído de anclajes melodramáticos y/o ajustes de cuentas particulares, que es capaz de concebir el espectáculo sin otra excusa distinta al divertimento, con la delectación como indiscutible elemento motivador, aunque esto suponga, como ocurría en El Templo Maldito, renunciar a la verosimilitud o a la lógica. Como en aquélla, ésta es su mejor baza. Lo peor es que la historia importa más a los personajes que a los espectadores y esto sorprende en una saga donde el argumento nunca importó lo más mínimo. También sorprende, y mucho, el protagonismo otorgado al personaje interpretado por John Hurt, de cariz absurdo y conducta insoportable, que salva al resto del grupo de vez en cuando con argucias deux ex machina y ofrece explicaciones irrisorias que nadie pide, ni necesita. Menos una historia como ésta, poseedora, claro que sí, de un final delirante, como no podía ser menos, tan carente de emoción como cargado de efectismos, una conclusión más que mejorable que, sin embargo, apenas si desluce las sensaciones, la mayoría de ellas satisfactorias, que dimana la última película de Steven Spielberg.

No dejéis que se os la cuenten.

Lo más destacado: los guiños referenciales.

Lo menos destacado: sin entrar a valorar la idoneidad de su macguffin: la total ausencia de emoción en el tramo final de la cinta.

Calificación: 7,5

5 comentarios

Jordi -

No quería ni siquiera leer nada hasta que no la hubiera visto, y he tardado más de lo que había pensado en un principio. La cinta de Spielberg sigue funcionando endiabladamente bien como cine de aventuras, aquí mezclado con ciencia-ficción, algo que ha sido motivo más que sufficiente para crucificar la cinta para más de una boca que había oído hablar respecto a ella. A mí, personalmente me parece más que una buena idea que Spielberg incluya una de sus más repetidas obsesiones a lo largo de su filmografía (E.T., I.A., Encuentros en la tercera fase), aunque concuerdo en que el final es mejorable (sobre todo si recurrimos a la inevitable comparación con sus predecesoras). Un vehículo nostálgico, sí, y un homenaje a lo grande. La historia hace honores a uno de los verdaderos antecedentes de las aventuras del héroe, "El tesoro de los incas", pero no menos honrosos son los homenajes que el personaje de Shia LaBeouf le rinde al de Marlon Brando en "Salvaje". Geniales y genuinas las escenas de la pelea en el bar y la persecución posterior, las arenas movedizas o la persecución en la selva amazónica (con una incursión de Labeouf a lo Tarzán de los monos que uno no sabe si considerar un exceso o un homenaje, pero que seguro hubiese encantado a los mismísimos Johnny Weissmullër o Douglas Fairbanks.. Excesivas, pese a que el espectador debe acudir consciente de la invencibilidad del héroe, las escenas de la bomba atómica o la de las cataratas a lo Tutuki Splash. Efectivamente, con Frank Darabont en el guión seguramente estaríamos hablando de otra película, pero aún así, esta orgía de acción, aventuras y referencialidad no deja de ser una digna (y nostálgica) heredera de sus predecesoras.

P.D.: Resulta sencillamente loable el acento ruso que Blanchett consigue en la versión original. Por cierto, a mí sí que me gustó el personaje de John Hurt, inseparable de su calavera...

Budokan -

Tengo muchas ganas de disfrutar esta nueva aventura de Indy, mientras leo tu reseña. Saludos!

listo entertainment -

maestro!
que he montado un feed comunal (y descomunal) que aglutina las entradas de un montoncillo de webs de cine de calidad media-alta, entre ellas la tuya, espero que no te importe (si te importa, la quito). la gracia del asunto esque se me actualiza solo con todas las novedades cinéfilas de la internete.
lo he puesto aquí http://listocomics.com/cinefilias/ y me haría ilusión que lo ojeases.
por supuesto, si te parece que me falta enlazar alguna otra web cinéfila, no te cortes y sugiere las que te gusten, que la cosa todavía está en construcción pero me molaría que llegase a ser algo chulo y potente que atrajese visitantes.
(para aparecer en esta lista no es necesario poner ningún enlace recíproco, sólo es necesario tener un blog de cine que no sea muy malo y que se actualice de vez en cuando, pero obviamente si quieres enlazar el invento, se agradecerá)
un abrazaco!

J. P. Bango -

Así es. También estoy seguro de que ganará con el tiempo, cuando los que esperaban mucho de ella logren templar sus ánimos (y su furia), aunque no lo hará en la misma medida que El Templo Maldito.

Principalmente porque en El Reino de la Calavera de Cristal se toman demasiado en serio su McGuffin y éste esta mal desarrollado y peor resuelto.

Una lástima pero no una catástrofe.



J.A.P -

Ha sido como un jarro de agua fría después de tanto tiempo esperando, pero no deja de ser puro Indiana Jones.

Nos habían prometido la mejor película y se ha quedado en un homenaje sentimental.