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El Cronicón Cinéfilo

Alí vs. Frazier

Esta noche no solo se enfrentan los mejores equipos de la mejor Eurocopa que este que escribe recuerda, sino dos estilos futbolísticos tradicionalmente opuestos,  de repente enfrentados, contra todo pronóstico, especialmente por la presencia de España, una selección acostumbrada a descartarse de las batallas en el momento en que se vuelven pasionales o rudas. No puede decir lo mismo Alemania, la más competitivas de cuantas selecciones mediocres conforman el universo futbolístico de este lado del río. Tanto que ni siquiera son conscientes de sus numerosas limitaciones. Así de grande es su pegada y su personalidad. También su importancia en el contexto mundial. 

 

 

No me gustaría ser árbitro en este partido donde se pone en disputa no un trofeo, ni siquiera unas primas económicas o el afecto eterno de una afición afanosa de títulos y éxitos, sino el futuro del fútbol.

La selección española se define por sus rasgos estéticos; fundamentalmente por  ser un equipo formado por centrocampistas canijos, no muy rápido, esencialmente hábiles en las distancias cortas, en constante movimiento, acostumbrados a contrapesar su débil condición física con inventiva y lucidez.  Podía asemejarse al fútbol sudamericano salvo por la extrema velocidad con la que sus atacantes se coordinan  allí donde los demás dudan: en los albores del área e, incluso, más allá: un par de metros por delante, en el lugar donde tiritan hasta las costuras del balón. Un fútbol total que sin embargo defiende un esquema táctico del todo punto clásico: dos centrales, dos laterales con derecho a subida, un pivote organizador que también tapona y un ejército de media puntas ocupando todos los espacios de ataque, incluyendo aquel dónde en otros equipos es patrimonio exclusivo del delantero.

Enfrente, la paráfrasis de la contundencia. Altos, fuertes, competitivos. Un ejército de gladiadores con pocas luces pero mucho valor; acostumbrados a la lucha en terreno hostil, es decir, a ras de suelo, allí donde se igualan todas las estrellas, adictos a la disputa constante y la pugna por los espacios, especialmente en posiciones de ataque. Allí donde se vuelven letales, como Joe Frazier. Un equipo de porte triunfadora y aires de grandeza; una suerte de Goliat enfrentado a una comuna de hormigas, habilidosas pero débiles, sobretodo en el balón parado, allí donde la altura del oponente se antoja inexpugnable, y la presencia de sus arietes devastadora, incluso contra equipos de su mismo calado o historia.

No valen los pronósticos a esta altura de la competición. Ni siquiera si será capaz de ganar el que primero marque. Aunque lo haga Alemania, un equipo adicto a la contundencia; o, incluso, España, deseosa de demostrar en un partido todo aquello que no se pudo demostrar en cien años de historia; incluida su exquisita pasión por el buen fútbol.  

Esta noche, el fútbol se rinde un tributo. Y ésta vez todos tenemos algo que ganar.

 

2 comentarios

J. P. Bango -

Bueno. Este cronicón cinéfilo antes fue cronicón deportivo...

Ganó Alí y me alegra, pero fundamentalmente porque jugó mejor. Más no se puede pedir.

Manuel Márquez -

Me constaba, compa J.P., por alguna reseña ya antigua, tu querencia futbolera, pero no me imaginaba que te diera da de sí como para profundizar de manera tan incisiva y bien trovada acerca del duelo de esta noche. Magnífico (y, además, en buena medida, compartido en sus apreciaciones; eso sí, creo que esta noche, España gana, y sin medias tintas...).

Un fuerte abrazo.