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El Cronicón Cinéfilo

Wall-E: Amor por el Cine

 

Quizás sean los primeros cuarenta minutos de Wall-E un cenit del cine de animación de los últimos 20 años; desposeídos de palabras pero no de gestos ni de emociones (en términos parecidos -aunque no tan crípticos- a los descritos en el prólogo de Angel’s Eggs de Mamoru Oshii), algunas de las cuales traspasan la pantalla en formas adultas, consecuencia directa de un producto probablemente ininteligible para la mayoría de los niños, me atrevería a añadir que también para alguno de sus acompañantes, y que sin embargo tiene la rara virtud de contentar a todos desde el principio, así son de misteriosos los efluvios que su visionado transmite (próximos a E.T., sí), al menos en este magnífico (y osado) segmento introductorio.    

Wall-E es aquello que promete en sus afiches promocionales: tanto una extraña fábula post-apocalíptica, de aires redentores y tono conciliador, como una deliciosa historia de amor-afecto entre un robot que es a su vez mezcla de otros muchos (todos astrosos: Número 5, Bender…) y otro, esta vez feminoide (en cuanto a su nombre), abandonado a una misión utópica ordenada por los humanos. Ambos se encuentran en una Tierra devastada que el primero se encarga de limpiar porque no sabe hacer otra cosa (su acrónimo se resuelve como Waste Allocation Load Lifter Earth-Class) a pesar de que ya no queda nadie a quien servir salvo esta visitante irascible, de nombre EVE (Extra-Terrestrial Vegetation Evaluator), una exploradora vehemente que se invita a buscar hasta el hartazgo, entre los restos de esta Tierra explotada, la clave que encienda la llama de un posible regreso de los humanos, por el momento exiliados a años luz de distancia en una estación espacial autosuficiente llamada Axioma.

La perfección técnica y su delicada caligrafía ayudan a construir a un personaje, Wall-E,  desde cuya misma presentación ya proyecta altos niveles de empatía, cuestión prioritaria para garantizar el visionado de una película cuya complejidad conceptual se amplía a medida que vamos conociendo a EVE, ese robot de apariencia ovoide y antipático que al lado de Wall-E alcanza un nivel de comicidad impensable, sobretodo cuando hablamos de una figura cuya fisonomía apenas si se esboza (un tanto más en el debe, pues,  de los animadores de la Pixar, del todo punto acostumbrados a este tipo de hazañas que no por habituales no deberían dejarse de vindicar).  Con estos mimbres, la película no tarda en repletarse de momentos íntimos y entrañables, algunos de ellos infinitamente tiernos, complementados de otros momentos más viscerales y esperpénticos, especialmente aquellos protagonizados por este robot de apariencia noble y comportamiento ingenuo (¿o es al revés?) cuya personalidad entronca con la de El Vagabundo de las películas de Chaplin (exiliado, de repente, en mitad del Playtime de Jacques Tati). Como veis, las comparaciones en esta película siempre van en mayúsculas.

Aún embelesados por su delicada sensibilidad y buen gusto, no debemos olvidar, sin embargo, que la película es sobretodo una auténtica odisea de aventuras y de viajes aeroespaciales, de civilizaciones perdidas y de planetas olvidados en el tiempo, que oculta un entramado sumamente adulto, también dentro del campo de la ciencia ficción, y donde tienen a bien cruzarse epítomes de distintas áreas (la robótica, los viajes interestelares, la colonización interplanetaria, la supervivencia de las razas) y disciplinas (la Psicología como contenedor genérico de la alienación que sufren los protagonistas humanos; la Sociología, como valedora de una subtrama distópica), sin subrayados excesivos pero sin dejar espacio a la duda, constituyendo un corpus argumental gozosamente robusto; desde el punto de vista del espectador más exigente, posibilitando que lo que sucede en los márgenes sea tanto o más apasionante que lo que acontece en medio.

El carácter bienintencionado de la cinta (que termina de manifestarse de forma cándida en su colofón) no oculta, sin embargo, un trasfondo apocalíptico, especialmente caracterizado por su despiadada visión de la humanidad y los posos destructivos que generación tras generación la definen. En la Tierra, devastada, no queda más que un insecto y un robot stajanovista adicto a la limpieza y a coleccionar recuerdos. La Tierra no es sino una enorme montaña de mierda, y sus habitantes legítimos, entregados en el espacio a actividades hedonistas por cuenta y sustento de unos criados autómatas, viven despreocupados en mitad del universo esperando que el azar los vuelva a reubicar donde deberían.

Repleto de homenajes ultracinéfilos (2001, Naves Misteriosas, Alien, Inteligencia Artificial), algunos de ellos descacharrantes (definida por un total: “este es un gran paso para la humanidad”), el resto terriblemente emotivos (Hello Dolly), Wall-E no es sólo una de las mejores  películas de la Pixar sino la que más acertadamente traslada el espíritu de alguno de sus cortometrajes más notables (por ejemplo, Presto), no en vano, la piedra angular de una productora sustentada por el talento de unos cuantos animadores y que ha encontrado en Andrew Stanton (como antes lo hizo en Brad Bird y en John Lasseter), en su doble faceta de director-escritor, el complemento ideal que necesitaba para concentrar todas las virtudes de la casa en una única obra.

Si la perfección pudiera ponderarse se aproximaría a los cánones conceptuales contenidos en esta película, Wall-E, una experiencia deliciosa, ya lo digo, recomendable para todos los paladares y gustos. La cinta de animación del año…  en espera del estreno de Ponyo on a clift by the sea del siempre sobresaliente Hayao Miyazaki

 

Lo más destacado: su infinita fluidez y altura cinematográfica.

Lo menos destacado: que su segundo tramo se resienta de un comienzo tan apabullante.

Calificación: 9

 

[publicada originalmente en Septimovicio.com 7/08/08]

5 comentarios

Tonio L. Alarcón -

He escrito un textito (breve, no creo que se pudiera decir más) y he linkado tu crítica, con la que estoy plenamente de acuerdo.

J. P. Bango -

La segunda parte se resiente de ese comienzo, pero no lo traiciona (como ocurre en Indiana Jones, y también en aquélla era una circunstancia perdonable). Me daría miedo si la película fuera perfecta (o casi -tipo El Viaje de Chihiro), porque entonces habríamos llegado al final de un camino que todavía está por inventar.

Pocas películas despiertan en mi una inequívoca ansiedad por aplaudir en su misma conclusión, y ésta es una de ellas: de ahí mi valoración, absolutamente subjetiva (hay homenajes cinefílicos que me llegaron al tuétano; ya no te hablo de identificación con alguno de los personajes) y partidista (adoro/admiro el cine de animación).

El discurso es convencional no tanto en cuanto a su sentido sino en cuanto al modo en que se expresa.

A mi me gustó Ratatouille y también lo hicieron antes otras de la Pixar (Los increíbles, especialmente): en todas ellas advierto una decidida voluntad por superarse.

Mejor para nosotros, desde luego.

Saludos cinéfilos, camaradas.

J.A.P -

Nunca se te ocurra hacer una película si a un planteamiento magistral le sigue un curso - y discurso - convencional. Aprecio varias de las bondades que usted indica, pero sigue pareciéndome algo excesiva la valoración.

Un saludo.

Ivan -

A mi me entusiasmó el primer tramo en la tierra, pero me aburrió mucho las aventuras espaciales en esa nave tan cansina. Ese segundo tramo me dio la sensación de muy infantil y previsible, una pena porque evita que sea una obra mucho mejor, quedándose "solo" en un buen filme.
Me quedo con Ratatouille, está mucho mejor construía, y eso que Pixar me deja bastante frío habitualmente.
Saludos

Jordi Revert -

Los primeros 40 minutos que mencionas son, muy posiblemente, esa cima del cine de animación. Tan asombrosos que al resto de la película, aún magnífico, le resulta imposible estar a la altura. Hablé de "Wall-E" en mi bitácora hace unos días, en términos muy similares a los suyos. Baste señalarla como una obra que no sólo predica un amor infinito por el cine, desde sus formas primigenias, sino que es ese cine puro y sincero que tanto escasea hoy. Homenajes magníficos al slapstick, otros más evidentes pero no menos valiosos al "2001..." de Kubrick. En resumen, una joya de muchos quilates que, por cierto, sigue sorprendiendo de manera increíble en el campo de su perfección técnica. Cuando uno pensaba que Pixar no podía llegar más lejos, da un paso de gigante.

Cinta bella, imprescindible, ineludible. Una maravilla rayana en la perfección.

http://cinelandia.blogspot.com