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El Cronicón Cinéfilo

RETROBACK 2009: La contracrónica (segunda parte)

Día 25; domingo:

 

VI

Antes de la primera película dejamos un espacio para el contexto. Y en Granada los márgenes saben a Alhambra y a Historia en formato pedregoso. Llueve pero no se desluce su encanto. Es verdad que cautiva más allá de sus anacronismos o de su inexcusable condición de negocio turístico. Seducido por los muros de otro tiempo, en fin,  paseo a escasos metros del grupo igual que Simbad en su último viaje fantástico. Aquí no hay homúnculos espías ni sectas Tugg pero sí una aura mítico cuyos epítomes comienzan a cristalizarse al lado del sombrero de Jacques Champreaux. Es un marco idílico para soñar despierto, reflexiono, mientras compruebo de primera mano como la batería de mi cámara de fotos fallece por agotamiento, antes de llegar a un último rincón, si cabe, más fascinante. Otro día será, me digo.

 

 

VII

La respuesta granadina a Una vela para el diablo del no menos granadino Eugenio Martín vuelve a ponernos los pies en el suelo. Es una cinta de terror de concepción dramática y atmósfera in crescendo restaurada para la ocasión por cuenta (y gracias al esfuerzo) del Festival. Pocos acuden a la presentación de esta cinta poderosa, excelentemente recompuesta, uno de esos títulos de género reivindicables que componen la parcialmente excelente filmografía de Eugenio Martín. El propio director proyecta un cierto deje de decepción rápidamente soslayado por el aplauso que le brindamos los que estamos. Habrá tiempo para la revancha, pienso.

 

VIII

Nos llegan ecos del éxito de Kuroneko durante la cena, y nos sentimos intensamente complacidos. Me alegro por Kaneto Shindo, poseedor una de las cinematografías más apasionantes y desconocidas de todas y cuantas referencia el Festival, y por aquél que apostó por él, claro, en mitad de este día repleto de conversaciones míticas y cinefilia a granel.

IX

Me entretengo con las sombras, ya de noche, y con el callejero, justo cinco minutos de haber perdido mi móvil (y su jugosa agenda) en las calles nazaríes. Lo recupero gracias a la amabilidad de un taxista,  a cambio de ocho euros, unos veinte minutos después. Respiro.

 

X

Peleado conmigo mismo evito llegar en la hora indicada para disfrutar de los tres primeros minutos de La sangre de las bestias de Georges Franju. Sí llego, afortunadamente, a tiempo de visionar ese hermoso poema visual que sigue siendo, pantalla grande en ristre, la excepcional Ojos sin rostro del mismo Franju. Nunca había gozado tanto esta película como esta noche y así se lo digo a David, de veras orgulloso y solícito, mientras dirigimos nuestros pasos hacia el día siguiente. Siento, indefectiblemente, que el Festival empieza para mí en ese mismo momento.

 

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