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El Cronicón Cinéfilo

Essential Killing de Jerzy Skolimowski

Essential Killing de Jerzy Skolimowski

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A Mohammed lo vemos continuamente mediante planos cenitales tomados desde el helicóptero que lo persigue; como ocurre en “Figures in a Landscape” de Joseph Losey (con la que esta película guarda gran relación), el helicóptero se postula como testigo acechante de la huida del protagonista. Sin embargo, aquí no se pretende tanto convertir al helicóptero en un símbolo abstracto de poder (omnipotente) como subrayar la inmensidad (y paradójica belleza) del contexto que acoge a aquél que huye; hasta tal punto es evidente la dilatación del bosque que la huida termina de tornarse quimérica (y eso a pesar de que en su carrera hacia la libertad se sirve de varios medios de locomoción: un coche, un camión, un caballo…). La naturaleza hostil (más aún bajo los pies desnudos de un hombre del desierto); el afán de supervivencia unido a su propia confusión existencial; la presión que ejercen sobre él aquéllos que lo persiguen; la necesidad intrínseca de alimentarse en un medio yermo (sucedía lo mismo en “Van Diemen’s Land” de Jonathan auf der Heide) convierten al hombre (desorientado, confuso, famélico) en un ser salvaje; como tal, acecha, acosa y reduce de forma violenta a todos y cuantos hombres (y perros) se interponen en su camino. Tanto “Figures in a Lanscape” como “Van Diemen’s Land”  son referentes únicamente válidos en cuanto a su premisa de partida y parte de su desarrollo. Lo que distingue (y discrimina) Essential Killing de los dos referentes aludidos es su inequívoca vocación poética. Es ahí donde la cinta de Jerzy Skolimowski encuentra su principal foco de interés. También sus planos más bellos.  

La huida de Mohammed se ve continuamente asediada por insertos extemporáneos. Son secuencias breves e inmensamente líricas (nada que ver, entonces, con los flashbacks de perfil moralizante contenidos en películas menores como “127 horas” de Danny Boyle) que expresan momentos del pasado o del futuro o, simplemente, deseos (que casi siempre coinciden con aquellos instantes en que el sujeto pierde la conciencia). La constante presencia, en su argumento, de jabalís, renos y ciervos extraviados de su manada (no hay que olvidar tampoco la condición simbólica que el ciervo sugiere dentro de la iconografía musulmana) asimilan la condición del huido con la de una bestia perdida en un hábitat del que también es extranjero. Los perros y los hombres lo persiguen en grupo incluso en sueños (en la que es la mejor secuencia de una película trufada de ellas). Mientras, como superviviente, devora hormigas, cortezas de árboles, bayas de color rojo (con efectos psicotrópicos) o leche materna (es su secuencia más efectista) tratando de encontrar su sitio en una realidad que amenaza con exiliarlo para siempre de sus dominios; contra ella responde el protagonista, siempre a la defensiva, esgrimiendo un comportamiento violento, desaforado, instintivo. 

 

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