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El Cronicón Cinéfilo

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"Sobre todo examinen lo habitual. No acepten sin discusión las costumbres heredadas. Ante los hechos cotidianos, por favor, no digan: 'Es natural'. En una época de confusión organizada, de desorden decretado, de arbitrariedad planificada y de humanidad deshumanizada... Nunca digan: 'Es natural', para que todo pueda ser cambiado." Bertolt Brecht. 

Los buenos y los malos


"Si yo me hubiera dedicado a la política, !oh atenienses!, hubiera perecido hace mucho tiempo y no hubiese hecho ningún bien ni a vosotros ni a mí mismo." (Sócrates)

Es una lucha implacable y no tiene visos de terminar, tampoco este año. Real Madrid y F.C. Barcelona han terminado por asentarse como los dos equipos de fútbol más poderosos de Europa; lo han sido en cuanto a presupuesto y lo han sido en cuanto a potencial y aspiraciones; desde hace poco más de un año también lo son en cuanto a rendimiento, fundamentalmente debido al carácter, insaciable, de sus entrenadores respectivos. Uno representa la dinámica, la épica, la constancia, la determinación; el otro representa la solidaridad, la lírica, la avidez, el compromiso;  uno y otro se retroalimentan, se desafían, se mejoran.  Aún subsumidos en el epicentro de un torbellino, imparable, en el que sólo uno de los dos puede resultar victorioso, ambos equipos (y entrenadores) encuentran en el oponente un espejo deformante, un rival a su altura, y se esfuerzan en dar todo lo que tienen, o dan de sí,  para superarlo. Alimentando su condición duopolista, hallan estímulos suficientes para seguir adelante, para ser mejores. El ganador lo hace para perpetuarse en la victoria; el perdedor lo hace para revertir el estado de las cosas. Y no sólo ponen (mucho) dinero, (negociadas) recalificaciones, (exquisito) talento, (irreverente) pasión y  (lógico) trabajo  en el intento;  también ponen (denodado) empeño. Así las cosas, cada año resultan obsesivamente más competitivos, cada año aspiran a más (y más quieren): no es mal ejemplo para un mundo, el del fútbol, particularmente habitado por veinteañeros y treintañeros a los que les sobra todo, especialmente despreocupación y dinero.  

En Tintín: el secreto del unicornio, un demiurgo en estado de gracia (narrativa) se auto-invita a restituir el sentido de la aventura en formato animado; el intento llega, curiosamente, a través de una involución de las constantes y de los temas que sustentaban al género  en los últimos tiempos, y llega, precisamente, de la mano del cineasta que menos cuentas le debe al cine de aventuras. No es necesario, entonces, repletar la pantalla de hipogrifos renderizados sobre un fondo azul o de leones con dejes (y andares) místicos, de criaturas mitológica-marinas de origen escandinavo  o de piratas graciosos sólo por su maquillaje: hace falta ganas de hacer un producto de Aventura, de aventura de verdad, y hacerlo. Es lo que tienen los buenos, los talentosos o los mejores: una capacidad, seguramente trabajada (suelen rodearse de otros del grupo de los mejores), que les permite superarse incluso cuando ya no hace falta, cuando ya no tienen nada que demostrar (ni a nadie),  a veces contra todo pronóstico (como ha sido el caso).

Entonces me acuerdo de las elecciones: dos facciones políticas que en realidad no son sino la cara de una misma moneda (clasista, insolidaria, oportunista) se enfrentan, así lo quieren los medios, por un cetro imaginario cuya potestad se reparten, no es casualidad, de forma periódica. No es, en fin, a quién-le-toca-esta-vez lo que se decide el 20N —el ganador ya ha sido establecido de antemano—  como la propia capacidad de quienes se presentan candidatos para demostrar, a aquellos que tienen que votarlos,  que pueden resultar competentes para afrontar (e intentar resolver) los problemas que ellos mismos han generado. Al contrario que otras profesiones y ámbitos, también en el deporte y la cultura como hemos visto,  donde los mejores obtienen su recompensa y sobresalen por méritos propios, en el ámbito de la gestión no hace falta ser bueno, ni acercarse a  esta cualidad, para ocupar el cargo más alto.  Los grandes gestores (los más formados, los que han sido ejemplares en sus respectivos ámbitos de competencia, los que mejores contactos -o labia, o suerte- tienen) prefieren las empresas privadas y todo lo que dichos cargos en dichas empresas privadas llevan aparejados: sueldos millonarios (en Euros), cuentas en Gibraltar (no necesariamente en Euros), amigos banqueros, yates de eslora inabordables, éxito social. No necesitan exponerse públicamente a los focos ni cuidar de las formas con modos impostados; no necesitan justificar ante los jueces la proveniencia (y conveniencia) de regalos extemporáneos; no necesitan recalificar suelos no urbanizables, ni construir campos de golf en el desierto; no necesitan nada porque ya lo tienen todo: lucen trajes a medida, fuman puros en la intimidad y hablan en inglés (idioma oficial en Islas Vírgenes) cuando hace falta, mientras disfrutan del (buen) fútbol en los palcos. Los malos gestores en cambio acaban en la política, ¿qué otra cosa sino podrían hacer?, donde se ven obligados a financiar su corazón arribista con promesas que nunca podrán cumplir (tampoco sabrían cómo hacerlo),  con amigos al otro lado del muro, con apoyos y favores que siempre hay que devolver, a veces incluso después de muerto, con insidias y otros juegos verbales de procedencia paleta. Los malos gestores tienen que aprender a hablar sin decir nada mientras reordenan a los suyos (y los intereses que defienden con uñas y dientes) alrededor de un logotipo, una música de saldo y una foto adulterada con un programa informático mientras esperan órdenes desde cualquier sitio (mejor si vienen escritas en alemán) para seguir perpetuando su modus vivendi; los malos gestores no sólo encuentran en la política el camino más corto hacia el éxito, y una buena (pero no rebosante) cuenta corriente, también encuentran el puesto de trabajo, vitalicio,  que exige una menor responsabilidad moral (y profesional) por las acciones que ejecutan.

Si entre los dos grandes equipos de fútbol de Europa, y en la actualidad, cada enfrentamiento se revela como un duelo ajedrecístico, de altos vuelos,  pleno de talento, esfuerzo y respuestas diversas, en la política los duelos directos se resuelven a las cartas, siempre de cara a la galería, mientras los beneficios (y pérdidas) se los llevan los de siempre.

Dentro de cuatro años volverá a ocurrir otra vez más: Steven Spielberg, seguramente más joven y vitalista que nunca, renovará las claves emocionales del cine de género de siempre y el Real Madrid y el Barça jugarán, de nuevo, otro partido del Siglo, siempre repletos de motivación, siempre tratando de mejorar gracias a su adversario, siempre ayudados por quienes más se benefician de lo que representan, mientras los malos negocian en los palcos (o en la platea) la posición preeminente en una foto. Y allí estaremos tú y yo para verlo, ocultos entre bambalinas, quizás en el paro, seguramente explotados, tratando de encontrar en el deporte o en la cultura, el grado de perfección constante que sólo se exigen, así mismos, los políticos... en sueños.

Breves apuntes sobre el Mundial (IV)

La victoria española en las semifinales empezó a forjarse en el justo momento en que Alemania comenzó a olvidarse lo que era, lo que los había llevado hasta allí. Ésta es una buena enseñanza.

Un Mundial son siete partidos. De los tres primeros se puede perder uno. De los tres siguientes, se pueden empatar los tres. El último hay que ganarlo. Las finales no se juegan, se ganan. Eso es lo que diferencia un equipo de ensueño con otro de leyenda.

En realidad, da igual jugar con cuatro o cinco centrocampistas si lo que se trata es de mover el balón hasta el hartazgo (hasta el hartazgo de los rivales; no es casualidad que los goles más importantes hayan llegado en la segunda parte de las segundas partes de casi todos los partidos), de una banda a otra, y viceversa, y así una y otra vez hasta encontrar el gol. Y si no se encuentra el gol, al menos que el rival se lleve el calentón de haber perseguido la pelota durante todo el partido. No te dará la victoria, pero te mantendrá a salvo el ritmo cardiaco durante buena parte del partido...  

Holanda ha ganado apelando a la suerte la mitad de sus encuentros. No deja de ser irónico que en uno de sus campenatos más mediocres, y desposeídos de personalidad, haya llegado tan lejos como nunca. Hay quien lo llama madurez. Sin embargo, su victoria sobre Brasil no fue debida a la suerte  o a su personalidad madura sino a la determinación con la que, sus jugadores más experimentados,llevaron a cabo aquello que mejor sabían: rematar a puerta desde media distancia y atacar impetuosamente, gracias a Robben, por el costado derecho. Con eso, ya vemos, sirve para llegar a la final del Mundial. Italia sabe de esto más que nadie. La historia del fútbol les debe no una sino dos. Y, en fin, no hay dos sin tres...   

Nadie habla de Uruguay ni de Forlán: con pocas dudas, el mejor delantero del campeonato, aquél que le ha sabido buscar las vueltas (y nunca mejor dicho) al dichoso Jabulani, interpretar como nadie los espacios entre líneas, sacar el máximo provecho a cualquier oportunidad (incluso cuando no había una oportunidad siquiera para crear peligro), chutar a puerta con la misma convicción con la que se expresa un economista en terreno bursátil.

Tengo la intuición (en realidad, es más que una intuición) de que va a ganar Holanda. Ahora lo que se trata es determinar quién sabe más de futbol , si el pulpo o yo...


Breves apuntes sobre el Mundial (III)

Mientras recupero mi crónica sobre el Mundial de 2006 (vaya, qué cosas: ¿dónde se fueron Italia y Francia?), os dejo unos pequeños apuntes sobre lo que llevamos de éste:

a)      El fracaso de los equipos europeos solo es equiparable, en términos cualitativos, al fracaso  de las grandes estrellas de la Premier (véase: Drogba, Lampard, Gerrard, Cesc, Torres y Rooney). De esos seis, dos juegan (es un decir) con España:  son los únicos que quedan y no están haciendo mucho para seguir en el campeonato. Urge reflexión.  

b)      España sigue con problemas de identidad; sin embargo, en este mundillo tan resultadista la clave no está en dichos problemas de identidad sino en que sigue. No durará mucho más. La oportuna (y oportunista) irrupción de Fernando Llorente Torres, que cambió la tendencia (¿o quise decir decadencia?) del partido de ayer,  además sirvió para refutar,  con pruebas tangibles, buena parte del discurso del anteayer discutido entrenador español.  No es que haya plan B. Es que nunca se creyó en el Plan A.

c)       Las grandes estrellas (a excepción de Villa: solvente, combativo, egoísta) siguen sin aparecer en un campeonato dominado por la asepsia colectiva, la total ausencia de soluciones tácticas capaces de cambiar partidos, la irrupción de una serie de árbitros (y arbitrajes) nefastos. No son buenos tiempos para la lírica. Los obreros destacan sobre las reinas. El equipo con mejores resultados está dirigido por Maradona. Portugal renuncia a su personalidad en el partido clave. Eslovaquia se queda a un solo gol de pelear los cuartos…

d)       Cristiano no llegó a tiempo para el Mundial. Les ocurre lo mismo a otros de su misma especie, más preocupados por la pose que por el balón. A Messi le ocurre todo lo contrario: va y viene en busca del balón incluso cerca de su propia portería. Al uno y al otro les puede la ansiedad. El primero, tendrá que encontrarla entre los muslos de su compañera de turno, ya bien entrado el calor estival, naturalmente, muy lejos de Sudáfrica. El segundo, aún tiene tiempo de encontrarla en el Mundial. Cada día que pasa más pienso en Paolo Rossi. El día que Portugal necesitó a Cristiano, se encontró con un ceño fruncido, dos brazos abiertos y una respuesta extemporánea en la rueda de prensa. El día que Argentina necesite a Messi lo encontrará. Lo curioso es que solo a uno de los dos lo define, públicamente, el carácter. Qué cosas tiene el marketing periodístico, ¿verdad?

e)      Y sí. Apuesto por Argentina (lo hago en todos los mundiales, no va a ser diferente esta vez) en lugar de Brasil por una simple cuestión silogística. Argentina es mucho menos que la suma de sus partes, igual que Brasil. Messi llegará. A Kaká solo le faltan un par de partidos para perder la tilde de su última vocal. Por cierto, el duelo entre ambos (sí, la final) lo decidirá Higuain. ¡Exacto!, el otro "que no hace nada…"

 

Breves apuntes sobre el Mundial (II)

Paraguay e Italia son dos caras de la misma moneda. Ambos defienden el resultado con uñas y dientes. El uno no ganará el mundial. El otro podría hacerlo. Cuando Paraguay no tenga nada que defender no sabrá como atacar. Italia tampoco sabrá como atacar pero defenderá cualquier resultado con indisimulado orgullo creyendo siempre en su victoria. En el caso de Italia, la victoria es una cuestión de Fe. Cree que pueden hacerlo aunque no sepan como hacerlo (tampoco les importa). Unos y otros solo me interesan en términos románticos.

Holanda se ensañó con una débil Dinamarca solo en cuanto hicieron su aparición los suplentes. Pero no dejan de ser un peso-pluma  A medida que avancen las rondas y las responsabilidades, el desparpajo de los delanteros más jóvenes se irá diluyendo. Tampoco este año ganarán el campeonato. 

Brasil prosigue con su alarmante proceso de Dunganización. Así lo demuestra su pírrica victoria contra la voluntariosa (y espartana) selección de la RDP de Corea. Vuelve a confirmar lo que hasta 1994 no era más que una utopía: priorizan la victoria al “jogo bonito”. Si Brasil se sigue empeñando en dejar de ser Brasil el fútbol sucumbirá a una crisis inexorable.

España jugó como debe y perdió con toda justicia. El atasco en los últimos metros es reprochable. El patrón de juego es solo una excusa formalista. Si se empeñan en jugar por el centro tiene que jugar Cesc. Si juegan por las bandas, sobra Villa. Mezclar ambos conceptos es una prueba indefectible de duda. Y con dudas no se va a ningún sitio. Importa mucho más perder la identidad (o el estilo de juego) que un partido o que un campeonato. Cuando aprendamos esto aspiraremos a ganar cualquier cosa.

La auténtica “Roja”, es decir, Chile (nunca comprendí esto de apropiarnos de sobrenombres ajenos), entiende el fútbol como un ente colectivo, repleto de automatismos. No hay jugada que no hayan ensayado y/o previsualizado antes. Dan preeminencia al colectivo frente al individuo; solo así se explica la suplencia de Suazo (tocado) y Mark González (de vuelta). Bielsa es un enfermo de los sistemas y el orden y en la selección chilena ha encajado a la perfección. La batalla en el grupo H ha cambiado de contrincantes. Con Suiza virtualmente clasificada, la diatriba se decide entre Chile o España. El partido entre ambos será a vida o muerte.

Pronto las primas dejarán de ser un problema…

Breves apuntes sobre el Mundial (I)

México mejor que Sudáfrica ma non troppo. Francia es un bluff y Domenech otro; desde ya mismo, candidata número uno a irse del campeonato sin marcar un gol. Messi promete hacer cosas grandes; Argentina no. En Inglaterra echan la culpa al portero y se olvidan de su delantero. Alemania asusta; primero, porque son alemanes; segundo, porque tienen a Özil y Marko Marin en forma. Ojo con el Werder Bremen que en el Mundial se van a curtir de lo lindo.  Decepcionante Serbia (ni jugadas a balón parado ni recursos técnicos para dominar a una selección imberbe). Eslovenia y Argelia (junto con Grecia), los peores equipos del campeonato. Sorprende Korea (del Sur) y más sorprende cuando se pone a jugar como España y Alemania.

Tres por cero

Pues sí, el fútbol se brindó ayer una bonita fiesta y el triunfo se fue al que, de veras, se lo mereció. Demonios, cómo me ha costado ultimar esta frase...

Alí vs. Frazier

Esta noche no solo se enfrentan los mejores equipos de la mejor Eurocopa que este que escribe recuerda, sino dos estilos futbolísticos tradicionalmente opuestos,  de repente enfrentados, contra todo pronóstico, especialmente por la presencia de España, una selección acostumbrada a descartarse de las batallas en el momento en que se vuelven pasionales o rudas. No puede decir lo mismo Alemania, la más competitivas de cuantas selecciones mediocres conforman el universo futbolístico de este lado del río. Tanto que ni siquiera son conscientes de sus numerosas limitaciones. Así de grande es su pegada y su personalidad. También su importancia en el contexto mundial. 

 

 

No me gustaría ser árbitro en este partido donde se pone en disputa no un trofeo, ni siquiera unas primas económicas o el afecto eterno de una afición afanosa de títulos y éxitos, sino el futuro del fútbol.

La selección española se define por sus rasgos estéticos; fundamentalmente por  ser un equipo formado por centrocampistas canijos, no muy rápido, esencialmente hábiles en las distancias cortas, en constante movimiento, acostumbrados a contrapesar su débil condición física con inventiva y lucidez.  Podía asemejarse al fútbol sudamericano salvo por la extrema velocidad con la que sus atacantes se coordinan  allí donde los demás dudan: en los albores del área e, incluso, más allá: un par de metros por delante, en el lugar donde tiritan hasta las costuras del balón. Un fútbol total que sin embargo defiende un esquema táctico del todo punto clásico: dos centrales, dos laterales con derecho a subida, un pivote organizador que también tapona y un ejército de media puntas ocupando todos los espacios de ataque, incluyendo aquel dónde en otros equipos es patrimonio exclusivo del delantero.

Enfrente, la paráfrasis de la contundencia. Altos, fuertes, competitivos. Un ejército de gladiadores con pocas luces pero mucho valor; acostumbrados a la lucha en terreno hostil, es decir, a ras de suelo, allí donde se igualan todas las estrellas, adictos a la disputa constante y la pugna por los espacios, especialmente en posiciones de ataque. Allí donde se vuelven letales, como Joe Frazier. Un equipo de porte triunfadora y aires de grandeza; una suerte de Goliat enfrentado a una comuna de hormigas, habilidosas pero débiles, sobretodo en el balón parado, allí donde la altura del oponente se antoja inexpugnable, y la presencia de sus arietes devastadora, incluso contra equipos de su mismo calado o historia.

No valen los pronósticos a esta altura de la competición. Ni siquiera si será capaz de ganar el que primero marque. Aunque lo haga Alemania, un equipo adicto a la contundencia; o, incluso, España, deseosa de demostrar en un partido todo aquello que no se pudo demostrar en cien años de historia; incluida su exquisita pasión por el buen fútbol.  

Esta noche, el fútbol se rinde un tributo. Y ésta vez todos tenemos algo que ganar.

 

La anomalía de Queco Ágreda

Quecoando, en Notofilmfest.com. Vótenlo , es un buen intento.

 

 

Y que no nos cuenten películas

Podía ser una inocentada...

 

 

Pero no... Esto es lo que hay. Lo mismo que había hace un año, es decir, la misma Guerra, los mismos fines, y la misma película de aroma clásico en la que únicamente mueren (y sufren) los secundarios. 

Alguien maneja los hilos

No. No es Dios. Dios no existe pero eso ya lo sabéis todos. Si digo alguien, es “alguien”, es decir, una entidad corpórea, si acaso un grupúsculo de prohombres que decide nuestras vidas y hábitos y, por extensión, nuestras existencias, al calor de una chimenea presidida por la (des)información pública.

Ciertamente lo deciden todo: la ropa que debes llevar, lo que vas a ver en la televisión, lo que vas a consumir a fin de mes. También deciden lo que puede o no puede comerse. Y entonces me acuerdo del Anisakis, que podría haber sido un político chipriota y que ha resultado ser un gusano (insisto, no hay metáforas: no-es-un-político) que habita en el estómago de algunos peces para que nosotros, ocasionales consumidores de pescado, tengamos la prevención de evitar aquellos restaurantes que se salten a la torera la prohibición de congelar los alimentos frescos.

En realidad, las alertas públicas sobre alimentos defectuosos o susceptibles de provocar alguna enfermedad van variando en función de la demanda o no del producto o de la necesidad (es decir, de la necesidad del mercado en cuestión) de promocionar una alimentación alternativa o para regenerar el consumo de un producto en recaída. Normalmente, las alertas alimenticias afectan al mercado cárnico poniendo especial énfasis en los riesgos derivados del consumo del alimento por causa de unas extrañas enfermedades que tienden a aparecer y desaparecer en el tiempo cuál fantasmas enfermos de alzheimer. Granjas de conejos, ovejas, vacas, aves y pollos (precocinados o no) se ven regularmente perturbadas por la irrupción alarmista de un buen número de noticias en prensa cuyo efecto mediático, contrariamente, tiende a difuminarse (a desintegrarse más bien) en cuanto se acercan aquellas fechas en las que toca promocionar un consumismo de índole incontrolable...

Decía que estas navidades toca carne y no pescado, además de sentar a otro pobre en tu mesa... en el supuesto de que entre tanto gasto y descontrol no hayas empeñado ya la mesa. No te apures si no lo has hecho. La solidaridad también es un concepto mercadotécnico.

 

En estas, sigo yo esperando el estreno de Banderas de Nuestros Padres: una película que ya ha visto y enjuiciado medio mundo y que extrañamente no llegará hasta nuestras pantallas hasta el mes de febrero, es decir, tres meses después de la fecha de estreno inicialmente prevista.

 

¿Y por qué? Por el anisakis, estoy seguro.

 

 

El último estertor

La tarde de hoy me trajo una par de recuerdos inexorables:

a) el de un poema inolvidable que los labios y voz de Neruda dotan de una matiz, definitivamente, mítico y doliente....

[leer poesía ]

[oír poesía ]

 

b) Y las últimas (y vaticinadoras) palabras de Allende:

"...Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición."

 

Y en Cine, la Batalla de Chile de Patricio Guzmán, por supuesto.

 

 

 

Remontando

Definitivamente, Messi me sube la tensión. 

Eat me!

Tengo hambre... únicamente de Cine. Hasta en eso hemos de sentirnos privilegiados. 

 

 


 

Dos apuntes

a) El Mundial: El trabajo defensivo brilló generosamente en un partido, sin embargo, espeso que decidió la implacable voracidad del equipo español. La victoria, que tantas veces los había dado la espalda, se presentó en el mejor de los momentos posible y con un montón de cuentas pendientes que saldar. El éxito vino dado con una premisa de un indudable ascendencia romántica: el talento del individuo puesto al servicio de un colectivo que persigue una causa común. Con similares mimbres pero mucho menos clase, la selección italiana logró el mismo objetivo hace un par de meses. A ver si va a resultar la clave de todo éxito...
 
Dos distinciones nominales entre tanta dádiva comunal:

- Pepu Hernandez, que ocultó a sus jugadores el fallecimiento de su propio padre horas antes de la final para no desmoralizar al colectivo, demostró con hechos lo que para otros no es sino un dogma panfletario. 
 
- Pau Gasol: MVP de un campeonato en el que no pudo jugar la final.  Y es que: no es E.T. Es... ¡el CID!

b) Alatriste: Aun estoy pensando si debo o no escribir la correspondiente crítica. Los que me conocéis y/o seguís comprenderéis el por qué de mi duda. De momento, un anticipo: contiene algunos momentos realmente formidables fagocitados por un contexto excesivo y confuso, que es lo que suele pasar cuando se quiere contar muchas cosas en menos tiempo del debido. Pese a todo, es alabable el esfuerzo de producción de la obra y las escasas concesiones otorgadas al público.



Un Plutón Verbenero:

Primero tomó el nombre de un Dios. Luego fue enviado al propio infierno por la comunidad científica que un día le encumbró. Entre medias, un atajo de... maestros de escuela inculcaron sus letanías anacrónicas en cerebelos infectados de ansiedad que esperaban su turno para adentrarse, definitivamente, en un mundo imperfecto dominado por auténticos hijos de Pluto capaces de cambiar los dogmas a su antojo.

¡Demonios, me tuvieron todo el parvulario dibujando un planeta que no es un planeta! ¿Quién me devolverá aquel tiempo? Más aún: ¿qué ocurrirá cuando se descubra que, efectivamente, dos y dos no son cuatro?

En fin. Respiremos.

Ahora está condenado a perpetuarse en el panteón de los olvidados, ocupando un gracioso puesto entre el Seiscientos, la Peseta, el Padre Apeles y... Aznar. Atrás quedaron sus días de Gloria: pocas entidades (físicas o espirituales) logran hacerse un hueco en el intelecto de tantos miles de millones de personas. Y eso, siendo tan pequeño, casi insignificante: un Planeta Enano, es decir, una piedra. No hay mayor humillación que la degradación.

Ayer le llegó el turno a Plutón. Un día de estos le tocará al Cristianismo. Entretanto, ¿cuándo coño dejará de ganar el Barca?

Ronaldo, tio, en serio, ¡te necesitamos! Es decir, ¡te necesitamos más que a Capello!



La Ley de la Desproporción

Émulos de guerreros de otros tiempos adictos a la carne calcinada defienden sus territorios y paisanos bajo la discutible estratagema de la desproporción...

Y es que nunca hubo un término medio. Se pasó de castigado a castigador: nunca hubo interés por buscar algo distinto a la imposición ni voluntad política que abogara por el diálogo, más aún: por la comprensión. En esta tesitura, el Otro es el Enemigo: no hay otro dogma que la confrontación permanente. Y rige, claro, la Ley del que más puede: suele pasar cuando coinciden en una misma habitación ideológica aquel que vende las armas con aquel que cree necesitarlas.

Mientras tanto, los cadáveres se amontonan en unas calles definidas por la contradicción. Pero no debemos preocuparnos: seguiremos a salvo mientras no llegue el olor.

 

 

Crónica de un Mundial de Fútbol

Nessun Dorma:


Se acabó lo que se daba.


El acervo futbolístico guardará una foto para los anales: Gattuso, embriagado de éxito, levantando extasiado la Copa del Mundial. Me alegro por él: en ningún otro campeonato nadie había corrido tanto para abrazarla...


A Gattuso lo sacaron en hombros sus propios compañeros, quizá reivindicando la figura de un tipo cuyo fútbol se define por la densidad pero también por el compromiso y el esfuerzo solidario. Valores extraordinarios en este mundillo que los futbolistas italianos asumen como verdadera marca de identidad. Incluso cuando juegan de suplentes, asumiendo un rol secundario, sabiéndose estrellas con grandes coches y contratos que trabajan, sin embargo, al servicio de una causa colectiva.


No juegan al fútbol: se ayudan. Y a veces, ya véis, es suficiente para conquistar un sueño, es decir, ganar un Torneo como éste. En Italia, ya lo sabéis, esta noche... nadie duerme.

 

La Derrota:


Domenech, espectador abatido de un ceremonial de aires pirotécnicos, se quedó sobre el césped del Olímpico de Berlín reflexionando sobre lo que acababa de ver, sobre su derrota, quizá buscando alguna excusa que justificara el desacierto de su equipo. La encontró mencionando a Zidane y se equivocó.


No se le ocurrió otra cosa que decir al término del único partido del Mundial que su equipo había merecido ganar. Así se las gasta el Fútbol de vez en cuando.

 

El mejor jugador del mundo:


Zidane, el mejor jugador del campeonato y el único que sabía cómo demostrarlo, coqueteó con la gloria en dos cabezazos: uno lo envió en medio de la portería, el único sitio que cubría Buffon, ese gran portero que no adivinó ni una sola de las trayectorias de balón en la tanda de penalties que su equipo, sin embargo, acabó ganando (Varessi y Baggio, otrora devorados por las lágrimas, debieron disfrutar de lo lindo de esta revancha histórica).


El segundo cabezazo, decía, lo estrelló Zidane contra el tórax de Materazzi, contrariado como estaba de no encontrar en sus pies talentosos la llave que le abriera la puerta del éxito perpetuo. Encontró lo contrario, ya se vió, en una acción vehemente y desafortunada que sirvió para dar nombre y rostro a la derrota.


Acción que singularizaría la capitulación de un colectivo y que muchos, seguramente oportunistas, aprovecharon para convertir en desprecios que emponzoñan una trayectoria deportiva envidiable del que sin duda alguna sigue siendo uno de los mejores jugadores del mundo.


Al resto se les olvidó demostrarlo en este Mundial. Sus respectivos clubes les dan las gracias, por descontado.

 

Tacticomania:


No ha sido éste un gran Campeonato del Mundo, un campeonato dominado por las servidumbres tácticas y el éxito del doble pivote defensivo, atalaya inexpugnable para casi todos menos para Italia que, sin embargo, también tuvo que recurrir al balón parado para conquistarla.


El equipo que empuja se arriesga a ser batido al contraataque; los ataques se dirigen, extrañamente, a las bandas y esquinas, en un desesperado intento de provocar una falta en las inmediaciones del área o un córner salvador. Se buscan, entonces, centrales altos y fornidos, bien musculados, valientes, que sepan chocar y evitar al contrario, que busquen con su cabeza un balón que vuela y que sus hombros soporten la embestida del contrario. Se buscan, decían, dianas con sueldo de futbolista contra las que poder dirigir con éxito un misil de corto alcance...


Las jugadas a balón parado, en fin, convierten al fútbol en una vulgar coreografía que acerca al Deporte Rey a su prescindible pariente americano. En éstas lides, el talento se difumina, quedando al servicio de la colocación y la fuerza...


Alguien me habla de precisión y buen toque pero esto no es billar sino fútbol, es decir, pasión y goles.


Las pizarras son cosas de los colegios y el fútbol se aprende a jugar, se goza, fuera de ellos.

 

La paradoja portuguesa:


Cristiano Ronaldo, habilidoso delantero luso, se hizo famoso por su regate: cada vez que embestía a tres defensas salía victorioso. Lo hizo infinitas veces y todas con el mismo resultado pero fue incapaz de dar un pase definitivo que acabara en gol.


A Figo le bastaron cinco minutos en el campo para lograr lo que el resto de sus compañeros no habían conseguido en todo el campeonato: encontrar a uno de sus delanteros.


Se conformaron con el cuarto puesto pero tenían fútbol para más. Eso también los diferencia de Italia y Alemania.

 

Los jóvenes valores:


Si el futuro del fútbol debe definirse a partir de Podolski, nos espera una década de sequía extrema.


Por mi parte, yo apostaba por Messi, igual que medio mundo, y por descontado por Argentina. Pekerman se desmarcó del mundo y de su propio cuello cuando sacó a Julio Cruz en su lugar. No sólo perdieron el partido sino que abrieron la posibilidad de especular sobre su suerte de haber satisfecho la inquietud mundial. Ésta no la olvidaremos, José.


Fernando Torres también es joven y también es un crack: en todos los partidos fue el mejor jugador de la selección. Que sí, que sí, que lo fue. Su carácter aventurado y su personalidad inquieta lo asocian a un tipo descreido, ligeramente altivo...


Con tres como él hubieramos pasado de cuartos...

 

La camiseta roja:


...Si hubiéramos llegado.


Al contrario de lo que se piensa, España sólo cae en cuartos en aquellos mundiales que se disputan fuera del continente, en los cuales nuestra selección suele ser la segunda o tercera europea en cómputo global. En Europa, con el calor de su propio público, España fracasa continuamente. Le puede la presión y su propia incompetencia para hacer de su juego una propuesta temible. El cruce con España es un cruce deseable: se puede jugar a empatar y ganarla.


Así que nos derrotan siempre. Esta vez tocó Francia y la antigua la táctica del atrapamoscas pero pudieron, perfectamente, haber esperado a los penalties.


También allí nos habrían ganado. Lo saben nuestros rivales y lo que es peor: lo sabemos también nosotros. Así de triste es.

 

La prórroga del año:


Lippi se la jugó en las semifinales en una prórroga definida por la épica, poniendo todo el talento con el que contaba al servicio de la victoria. Extraña, y de qué manera, esa conducta expuesta en un técnico italiano que sin embargo sabía que no tendrían opciones en un desempate frente a los paisanos de aquel que inventó la tanda de penalties.


Quizá por eso esté considerado como un erudito del fútbol.

 

El anfitrión derrotado:

Perdieron pero ganaron. La selección tricampeona llegaba con un equipo en horas bajas y supo encontrar sobre el césped el afecto de un público, definitivamente, entregado a las servidumbres de la contienda deportiva. Quizá por ello fueron los que mejor encajaron la derrota, asumiendo la valía de un tercer puesto, cuando los suyos habían dejado sobre la hierba las escasas fuerzas con las que contaban.


Por eso se unieron a la fiesta y despidieron a los suyos entonando, con agria tristeza pero esperanzados, el himno oficial de los melancólicos.

 

You'll never walk alone:


Y es que es el fútbol el que nunca caminará sólo, llenando estadios y colapsando las audiencias, haciéndose partícipe de una batalla donde el único que siempre sale victorioso es el deporte.


También es opio, sí. Pero, ¡cómo nos gusta el opio, Salinas!

Bestias

 

 

Esta vez le tocó ganar a Godzilla...

 

 

Grageas de... fútbol

Parafraseando al bueno de Manuel Márquez, y como ineludible homenaje al Mundial que ahora empieza, dedico (de momento) un único post para comentar algunos de los pormenores que estos días repletan la actualidad informativa a nivel futbolístico:

a) España no pasará de cuartos. Más que un titular es una certeza pero no porque Brasil sea imbatible, que no lo es, sino porque nuestro nivel futbolístico no da para tanto. Nada preocupante, hay unas 31 selecciones con el mismo nivel que nuestra selección...

b) La situación de Raúl recuerda a la de Paolo Rossi en el Mundial 82: también se dejará los goles para las semifinales...

c) Mi favorita es Argentina: juegan bien y tienen carácter. También lo era en el anterior Mundial... De hecho, lo hubiera ganado si hubieran pasado de la primera ronda...

d) La película del Mundial la dirigirá un árbitro egipcio. Y será una comedia.

e) Por cierto, ganará el mejor. Es decir: el fútbol.

 

Próximamente, crítica de Cypher de Vincenzo Natali